viernes, 12 de marzo de 2010

Las palmeras salvajes -William Faulkner-

No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero.
La vieja carne al fin, por vieja que sea.
Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria
porque no sabría de que se acuerda
y así cuando ella dejó de ser,
la mitad de la ceremonia dejó de ser
y si yo dejara de ser todo el recuerdo, dejaría de ser.
Sí, pensó.
Entre la pena y la nada elijo la pena.

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