Archivo del blog

martes, 18 de noviembre de 2014

Che vive



"Déjenme decirles,

a riesgo de parecer ridículo,

que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.

Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad.

Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente;

éste debe unir a un espíritu apasionado,

una mente fría

y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo.

Nuestros revolucionarios de vanguardia

tienen que idealizar ese amor a los pueblos."

Ché Guevara. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Vidas desperdiciadas





Siempre se nos pide
entender el punto de vista de otra persona
sin importar
cuán anticuado
tonto o detestable sea.
Se nos pide ver su más completo error
su vida desperdiciada con benevolencia,
especialmente si son ancianos.
pero la edad es la suma de nuestro quehacer.
ellos han envejecido equivocadamente
porque han vivido fuera de foco,
se han rehusado a ver.
¿Que no es su culpa?
¿de quién entonces?
¿mía?
Se me pide ocultar mi punto de vista
de ellos
por miedo a su miedo.
La edad no es un crimen
pero la vergüenza de una vida desperdiciada deliberadamente
entre tantas vidas desperdiciadas deliberadamente
lo es.

Charles Bukowski.

Llénate de mí



Llénate de mí.

Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.

Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.

Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora,

Soy el que pasó saltando sobre las cosas,

el fugante, el doliente.




Pero siento tu hora,

la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,

la hora de las ternuras que no derramé nunca,

la hora de los silencios que no tienen palabras,

tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,

tu hora, medianoche que me fue solitaria.




Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.

Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.

No, no quiero ser esto.

Ayúdame a romper estas puertas inmensas.

Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.

Así crucificaron mi dolor una tarde.




Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.

Mi corazón no debe callar hoy o mañana.

Debe participar de lo que toca,

debe ser de metales, de raíces, de alas.

No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,

no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.




No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.

Entonces gritaría, lloraría, gemiría.




No puede ser, no puede ser.

Quién iba a romper esta vibración de mis alas?

Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué? palabra?

No puede ser, no puede ser, no puede ser.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.




Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.

De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.

Tienes de mí ese sello de avidéz no saciada.

Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.

Vamos juntos. Rompamos este camino juntos.

Ser? la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.

Ansíame, agótame, viérteme, sacrificarme.

Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.




Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,

inundando las tierras como un río terrible,

desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos,

destrozando,

quemando,

arrasando

como una lava loca lo que existe,

correr fuera de mi mismo, perdidamente,

libre de mí,

curiosamente libre...


Pablo Neruda

En ti la tierra










PEQUEÑA

rosa,

rosa pequeña,

a veces,

diminuta y desnuda,

parece

que en una mano mía

cabes,

que así voy a cerrarte

y a llevarte a mi boca,

pero

de pronto

mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,

has crecido,

suben tus hombros como dos colinas,

tus pechos se pasean por mi pecho,

mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada

línea de luna nueva que tiene tu cintura:

en el amor como agua de mar te has desatado:

mido apenas los ojos más extensos del cielo

y me inclino a tu boca para besar la tierra.


Pablo Neruda

Amor






Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte

la leche de los senos como de un manantial,

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte

en la risa de oro y la voz de cristal.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,

porque tu ser pasara sin pena al lado mío

y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.




Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría

amarte, amarte como nadie supo jamás!

Morir y todavía

amarte más.

Y todavía

amarte más

y más.



Pablo Neruda