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jueves, 27 de febrero de 2020

El cuervo y el gato

Cuando el cuervo estaba quieto sobre la cruz de la iglesia, ella miraba el reloj y siempre eran las diez y media. Entonces salía al balcón, sonriendo como una niña, el cuervo agitaba las alas, graznaba tres veces y ella lo imitaba. A veces, como un milagro, él respondía, ella también y así durante un minuto, hasta que el bicho la miraba con un solo ojo, retador, presumido, y remontaba el vuelo.
Cuando, a la noche, salía a cerrar la contraventana, descubría a un gato agazapado en el muro. Miraba el reloj y siempre eran las once. Se quedaba quieta, para no asustarlo, y le sonreía para explicarle que no le importaba que la espiara a través del cristal iluminado.
El gato y el cuervo la unían, con sus miradas,  con el día y con las estrellas.

Ahora, se asoma al balcón y se pregunta a dónde se habrán ido los cuervos. Graznó alguna vez, llamando, pero se cansó de hacer el idiota mirando la cruz sin pájaro.

Y, muchas noches, deja la contraventana abierta para no sonreír al muro vacío. Los gatos se deben haber ido también volando, piensa. Pero no se ríe porque, cuando mira el reloj, son las nueve, las diez, son la once. Siempre es la hora de nadie. La cruz sola, el muro solo, el reloj implacable. Las estrellas tapadas por las nubes. Ella, desconectada, recuerda a aquel cuervo, a aquel gato, y se pregunta si, después de todo, la que se ha ido, la que ya no mira, no será ella.

Elisa Villabella 

miércoles, 26 de febrero de 2020

Mujeres/ Elvira Sastre

Hay mujeres que son estaciones de (d)año,
tormentas torrenciales en agosto y estufa en un diciembre lleno de abandonos.

Hay mujeres que son pájaros sin alas en un cielo lleno de recuerdos,
fieras carnívoras al acecho de las ganas
y de esa falta de poder ante la tentación
que solo es deseo confundido.

Hay mujeres
que son mariposas abstraídas esperando a que cierres todas las puertas
para acariciarte las mañanas a través de la ventana,
para sacudirte la mirada en cualquier dirección ajena a tu rostro.

Hay mujeres que son animales en celo galopando sobre tu pecho abatido.

Hay mujeres de ojos castaños
con alma de gata.
Hay mujeres de ojos verdes
con alma de zorra.

Hay mujeres
que son signos de interrogación abierta,
tres exclamaciones siguiendo
una huida.
Un ladrido de madrugada.
Hay mujeres
que justifican el silencio.
Hay mujeres
que excusan la poesía.

Hay mujeres que son aeropuertos alejados
de los que solo salen aviones de mentira,
puertos marítimos en los que vuelves a ser otra vez tú,
estaciones de tren donde se cruzan tantas contradicciones
que encuentras paz.

Hay mujeres que suenan a herida al tocarlas
y te hacen desear la muerte antes que ellas.

Hay mujeres que huelen a limpio, a cuerpo inerte,
y te hacen desear invadirles el corazón y el pecho con la brutalidad de un ejército de flechas.

Hay mujeres
que desordenan tus huellas cuando aparecen
y te hacen desear encontrar tu camino
sobre su columna vertebral.

Hay mujeres que no se esconden, que quieren sin escarcha en los ojos,
que saben a sed,
y esas,
esas te hacen desear quererlas toda la vida.

Hay mujeres que esperas siempre
porque nunca llegan.
Hay mujeres que están en todos los lugares que ocupas
menos en tus manos.

Hay mujeres
que son primeras y únicas,
que sobrevuelan el suelo que pisan los demás,
que son azules y ocupan un sitio
diferente al resto.

Hay mujeres
que crees por encima de todo
y por encima de todo deshacen tus creencias,
que son tiernas, ciertas y dulces,
y con su ternura, certeza y dulzura
parten tu inocencia en dos.

Hay mujeres
que abren tus ojos con un soplido de magia
y en el siguiente truco desaparecen,
como la suerte.

Hay mujeres
que te enseñan la moneda por las dos caras:
te besan negándote,
se marchan mientras te nombran,
se quedan en silencio
y desde otros recuerdos te afirman.
Que solo conocen la palabra derrota en tu boca.
Que solo conoces la palabra victoria en su boca.
Que te aman mientras te olvidan
y olvidándolas las amas.

Hay mujeres
que quieres y no puedes,
que son tanto que no son bastante,
que dándote lo que necesitas olvidan lo que deseas.
Mujeres contra las que no hay razones
que encajen
y conviertes en huida
para darles un sentido.

Hay mujeres
que son aves de paso,
bodas de un día,
amores que salvan tu vida en una noche,
postres eternos en medio de una prisa carnal,
engaños a la rutina,
tu alma animal rendida al instinto de supervivencia.

Hay mujeres
que aparecen como los aciertos:
a tiempo y sin esperarlas.
Que se atreven y se quedan y tienen el pelo del color de tu almohada,
que se agitan y temes y dan la vuelta a tus excusas convirtiéndolas en motivos.
Que te aman sin evitarlo
y amas sobre todo por supuesto.

Y
estoy
yo.
Que soy una en todas esas mujeres.

Y
estás
tú.
Que eres todas esas mujeres en una.


miércoles, 12 de febrero de 2020

Oasis



Todavía te busco, mujer que busco en vano,
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero...»

Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.

Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.

Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años...

Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella...
Y al no decir: «¡Es ella!» —como diría ahora—
seguiré mi camino, murmurando: «Era ella...»

J. Buesa 

lunes, 3 de febrero de 2020

Jojo Rabbit

Let everything happen to you
Beauty and Terror
Just keep going 
No feeling is final

-Rainer M. Rilke-


El viento/ Manuel Vicent


Las cosas que pasan también forman parte del viento. Algunas veces la historia universal de cada día se comporta como una brisa muy dulce que ondula los campos de alfalfa, agita las páginas del libro de poemas que estás leyendo, arranca las sílabas de los mejores versos y se las lleva por el aire para depositarlas sobre las cepas de la vid, que ahora duermen.

La historia universal de cada día también se compone de esa llamada de teléfono sin importancia que has recibido esta mañana: un amigo te ha preguntado cómo te encuentras. Te sientes muy bien, acabas de tomar el tercer sorbo de café, miras por la ventana y ves que la historia universal hace cabecear ligeramente la copa de los arboles. No hay que venirse abajo si luego compruebas que el periódico no da esa noticia a tres columnas, pero debes insistir hasta que descubras que los titulares mas negros de primera página no son sino un desfile de hormigas.



Otras veces el viento trae el hedor de un burro muerto que se esta pudriendo a miles de kilómetros de distancia cuya tripa abierta acaba de liberar una bandada de cuervos bien alimentados. A medida que se acerca se le oye graznar a coro el Himno de la Alegria de la Novena de Beethoven y el cuervo mayor lleva en el pico el anillo de oro con que el Papa ha bendecido a la humanidad y que ha sido besado por sucesivos tiranos.

La historia universal de cada día se cimbrea ahora levemente en la antena colectiva del tejado donde la bandada de carroñeras ha hecho un alto en el camino. De repente, en la pantalla del televisor ha aparecido el signo de la cruz y en ese momento ha estallado una bomba de mil kilos en la puerta de tu casa, pero debido a un raro prodigio no te ha causado un solo rasguño ni ha derribado un lámpara, ni siquiera ha hecho vibrar la cubertería de plata en el aparador.

A veces la historia universal de cada día se comporta de una forma muy irónica. Los efectos de esta terrible explosión se han producido en un país lejano donde esa bomba ha producido centenares de muertos. Hacia ese banquete ha partido la bandada de cuervos desde tu tejado llevando el anillo de oro en el pico y las palabras fétidas de los políticos en las garras, mientras tú has quedado con un libro de poemas en las manos cuyas páginas están vacías.

El viento de la historia arrancó los mejores versos y se los llevó hacia la vid. Llegado el tiempo, la cosecha madurará en las barricas de roble y un día al levantar la copa podrás leer al trasluz del vino unos versos de sangre que significaban todo el amor de la tierra.