sábado, 30 de octubre de 2010

Toma una sonrisa


Toma una sonrisa,
regálala a quien nunca la ha tenido.
Toma un rayo de sol,
hazlo volar allá en donde reina la noche.

Descubre una fuente,
haz bañar a quien vive en el barro.

Toma una lágrima,
ponla en el rostro de quien nunca ha llorado.

Toma la valentía,
ponla en el ánimo de quien no sabe luchar.

Descubre la vida,
nárrala a quien no sabe entenderla.

Toma la esperanza,
y vive en su luz.

Toma la bondad,
y dónala a quien no sabe donar.

Descubre el "amor",
y hazlo conocer al mundo.


~ Mahatma Gandhi ~

miércoles, 20 de octubre de 2010

Dudas

Hoy leyendo una frase recordé algo que escribí hace muchísimos años sobre la duda. Voy a guardarlo, por si pierdo la memoria.

Heme aquí, eterna duda.
Dudo.
Duda.
Dudoso carácter, dudosa conducta.
Qué duda cabe sin duda,
dudar de mi propio padre?
Más dudando de mí dudo,
si seré yo la culpable.
No dudo ser mujer razonable,
pero que dudo, ¡es indudable!

lunes, 18 de octubre de 2010

El lado oscuro del corazón/ El amor

“Es muy difícil, el amor. 
Cómo amar sin poseer. 
Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire. 
Amar es un pretexto para adueñarse del otro, 
para volverlo tu esclavo, 
para transformar su vida en tu vida, 
cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio”.
“Casi siempre el error que cometemos 
es pensar sólo en lo que nos pasa a nosotros. 
Nos parece tan importante eso que sentimos, 
que nada de lo del otro puede ser tan importante como eso que sentimos. 
Y esa contradicción suele ser trágica. 
Es el error más común que cometemos todos: querer que el otro sea como queremos que sea y no como es
y cuando nos damos cuenta del error a veces es demasiado tarde”.

sábado, 16 de octubre de 2010

Una mirada atrás / Edith Wharton


" La vejez no existe; sólo existe la pena. 
Con el paso del tiempo he aprendido que esto, aunque cierto, no es toda la verdad. 
Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, 
primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía. 
Afortunadamente, la vida inconsecuente no es la única alternativa, 
pues tan ruinoso como la rutina es el capricho. 

El hábito es necesario; es el hábito de tener hábitos, 
de convertir una vereda en camino trillado, 
lo que una debe combatir incesantemente si quiere continuar viva. 
Pese a la enfermedad, a despecho incluso del enemigo principal que es la pena, 
una puede continuar viva mucho más allá de la fecha usual de desintegración si no le teme al cambio,
si su curiosidad intelectual es insaciable, si se interesa por las grandes cosas y es feliz con las pequeñas. 

Mientras ordenaba y escribía mis recuerdos, 
he aprendido que estas ventajas no dependen generalmente de los méritos propios 
y que es probable que yo deba mi vejez dichosa al antepasado que accidentalmente me dotó de tales cualidades. 

Otra ventaja (igualmente accidental) es que yo no recuerdo por mucho tiempo mis enfados. 
Raramente olvido una ofensa a mi espíritu, ¿quién la olvida? 
Pero la vida la recubre con un rápido bálsamo, y queda registrada en un libro que raras veces abro. "

martes, 5 de octubre de 2010

Te quería, lo sé

" Te quería, lo sé.
Lo supe luego, cuando tu ausencia reposó mi sangre.
Pero andaba la lepra del deseo tan aína en el labio
que iba a decir -estrella-,
y se trocaba en madrugada de coñac y sombra...
Y ahora que vuelve el viento de las cinco
a levantar castillos en mi frente,
y las nubes de otoño arremolinan tu recuerdo
en el cuenco de mi mano,
necesito vestir mi voz de tarde
con citas y alamedas de domingo,
para decirte, amor, cómo te quise,
cómo te quiero todavía,
aunque sé que mi voz ha de perderse
en el largo sahara de tu olvido... "

Julio Mariscal Montes

domingo, 3 de octubre de 2010

La vida debería ser una tarde de domingo

La vida debería ser una tarde de domingo, con gripe, el teléfono mudo y las pasiones enjauladas en el televisor. Imprescindible que el día sea domingo y no sábado, que no ofrezca muchos estímulos para salir de casa, tiendas y museos cerrados, cines demasiado abarrotados y bares -al menos por la tarde- desiertos. Desde luego, ese domingo habría de pertenecer al otoño o al invierno con el frío ahuyentando las ganas de ir a dar un paseo o hacer el esfuerzo de ir a ver a algún amigo, y con una única y máxima atracción: arrebujarse en el sofá incluso enrollados en una manta.

La gripe ayuda. Una sensación de calma, de nube, de excusa para no hacer absolutamente nada. El teléfono en silencio para que nadie contamine con sus ilusiones o sus desánimos la paz que nos invade, para no sentir que existe otra vida que la que late entre nuestras cuatro paredes.

Se enciende el televisor, por un día no pasa nada, y hermosos muñequitos de celuloide luchan y se desesperan. Aman y sufren. Les ocurren muchas cosas en dos o tres horas, nacen, se casan, mueren, vuelven a nacer y casarse y morir. Cometen los mismos errores generación tras generación, si se tiene la suerte de encontrar una saga norteamericana. Experimentan pasiones perfectas. Enamoramientos de por vida, imposibles de llegar a término por supuesto, por la cerrazón de alguno de los implicados y que no por eso merman la pasión del contrario. Si alguien contrae un matrimonio equivocado le espera la infelicidad perpetúa, sin paliativos. No hay becarias que alivien el camino. Y el que odia, prostituye y domina suele encontrar, al final, un instante de arrepentimiento.

Todo eso ocurre a 2 ó 3 metros del sofá, detrás de un cristal y uno se puede levantar a la cocina y dejarles solos amándose u odiándose. Puede apagarlos y sustituirlos por música. Y volverlos a encender o cambiarlos por otros que corren montados en coches con sirenas, que se pelean y se matan. Es igual de verdad. Igual de mentira.

Sí, la vida debería ser esto, una tarde de domingo en otoño o invierno con ciertas miasmas que nos aturdan suavemente, con los sonidos que elegimos, apenas sin pensamientos, atenuados los sentimientos. Sin ansiedad, sin prisas, aparcados los problemas y hasta las esperanzas. Con las gatas dormitando en el salón, con luces indirectas y objetivos aplazables. No importa que la vajilla se apile en el fregadero, no la vemos desde el sofá. Nada es urgente, nada.

No sé porqué tiene que llegar el lunes. Salir a la calle, afrontar el trabajo con el cuerpo renqueante por la gripe, notar el silencio del teléfono, añorar el sonido del teléfono y sentir. Sentir sin excusas, sin pausa, sin posible apelación, sin escapatoria. Luchar y desesperarse, amar y sufrir, experimentar pasiones imperfectas, vivir entre pasiones imperfectas, vivir entre situaciones perfectamente soportables para todos los demás. ¡Y no poder apagarlas! E ir con tu corazón a la cocina y fregar los platos ¡y no poder echar lejía a tus sentimientos!

Corren las gatas contagiadas de mi prisa, suena música con palabras, suenan palabras que me obligan a sentir y tampoco puedo callarlas porque cantan dentro de mí. ¡Quiero que lluevan tardes de domingo vestidas de otoño o invierno sobre mi vida !…. no verme obligada a salir, ni a ver, ni a escuchar, no verme obligada a sentir… no verme condenada a vivir… sin él. Sin él, o sin el amor que teñía los días de gloria y no distinguía entre la primavera y el otoño. El amor que convertía en domingo de verano cada día del año o envolvía el invierno en cálidas mantas donde abrazarse juntos. Sin televisor. Con una pasión que desplazaba pasiones ajenas, con un amor vivo que no convertía en obligación terapéutica mirar y vivir por otros. Y el enamoramiento -frágil milagro- instalado en un proyecto de eternidad sin esfuerzo alguno. Era igual de verdad. Igual de mentira.

Una tarde de domingo, de limbo. Por amor he subido y bajado en ascensor vertiginoso del cielo a los infiernos. ¡No más! Aunque el limbo tenga el suelo transparente y esté más cerca del dolor.
Una tarde de domingo, de quietud, ausencia total de movimientos. Por amor he tomado, sin dudar, trenes y aviones apremiantes, he cruzado medio mundo para vivir una noche. Y he despertado en un vehículo en movimiento que me alejaba dolorosamente de mis sueños. Ya no. ¡Quiero dormir despierta en el sofá, quiero vivir en el sofá!

Una tarde de domingo, sin sentimientos propios. Por amor he estallado en huracanes de fuego, he llenado la plenitud, he ensanchado la plenitud, he desbordado la plenitud. Pero al final duele. Duele mucho. Y sin amor me he secado, he muerto, me he desintegrado, me he borrado, no he existido. ¡Nunca más! ¡Rechazo sentir, vibrar, latir fuera de las 72 pulsaciones del manual! Ver sólo, ajena, espectadora, cómo lo hacen los otros en el televisor. Mentira con apariencia de verdad, ceremonia de estar en el mundo.
Se trata de esperar. Acabará el lunes, y el martes, y el miércoles, y toda la semana. Llegará el domingo. Cada 7 días llegará el domingo. Se pasarán pronto la primavera y el verano. Y cada 7 días llegará el domingo. Cada 7 días vendrá un domingo de paz, como yo lo quiero.

Pero ¿y eso cómo se consigue ?… Volviendo a nacer quizás. No podré. No puedo. Batalla perdida, soy irrecuperable. Dentro de nada, despertaré y me desperezaré, sacudiré las neuras y volveré a empezar. Abriré la jaula y me zambulliré en las pasiones. Sí, ya sé que me espera el ascensor, los trenes y los aviones, los huracanes, la sístole y la diástole del corazón que me lo dejan como un globo, o como una pasa. ¡Qué pereza! Pero qué bien se está cuando se está bien. Y qué mal cuando se está mal… Y qué bien cuando se está bien….

Creo, no sé, que despertaré al sol para que luzca en las tardes de domingo del más crudo invierno y abriré las ventanas para que entre y me llene de oxígeno. Y saldré a la calle a buscar la vida. Y volveré al sofá para seguir viviendo la vida, sucesión de días de todos los colores. Con tardes de domingo, como descanso para tomar fuerzas. Un soplo de paz, eso sí.

El Periscopio. Rosa Mª Artal. 

viernes, 1 de octubre de 2010

Ser / Paul Eluard

" Con la frente como una bandera perdida
te arrastro cuando estoy solo
por calles heladas
por cuartos negros
proclamando infortunios

No quiero abandonar
tus manos claras y complicadas
nacidas en el encerrado espejo de las mías

Todo lo demás es perfecto
Todo lo demás es todavía más inútil
que la vida

Esclava la tierra bajo tu sombra

Un estanque junto a los senos
donde hundirse
como una piedra. "