domingo, 26 de febrero de 2017

Opiniones- Juan Gelman

Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.

El alma hecha un ovillo



sábado, 11 de febrero de 2017

Seres que son únicos



“Voy a morir. No me quejo de una suerte que comparto con las flores, con los insectos y con los astros. En un universo en donde todo pasa como un sueño, sentiría remordimientos de durar para siempre. No me quejo de que las cosas, los seres, los corazones, sean perecederos, puesto que parte de su belleza se compone de esta desventura. 
Lo que me aflige es que sean únicos. 
Antaño, la certidumbre de obtener en cada instante de mi vida una revelación que no se renovaría nunca, constituía lo más claro de mis secretos placeres: ahora muero confuso como un privilegiado que ha sido el único en asistir a una fiesta que se dará sólo una vez. 
Queridos objetos, no tenéis por testigo sino a un ciego que muere… otras mujeres florecerán, igual de sonrientes que aquellas que yo amé, mas su sonrisa será diferente, y el lunar que me apasiona se habrá desplazado en su mejilla de ámbar la distancia de un átomo. 
Otros corazones se romperán bajo el peso de un insoportable amor, mas sus lágrimas no serán nuestras lágrimas. 
Unas manos húmedas de deseo continuarán juntándose bajo los almendros en flor, pero la misma lluvia de pétalos nunca se deshoja dos veces sobre la misma ventura humana. 
¡Ay! me siento igual que un hombre arrastrado por una inundación y que quisiera hallar al menos un rinconcito de tierra seca donde depositar unas cuantas cartas amarillentas y algunos abanicos de marchitos colores…”.

Marguerite Yourcenar en su libro “Cuentos Orientales"


miércoles, 1 de febrero de 2017

Adiós, Tristeza- Mario Benedetti




Ahora tienes que irte de mi corazón, tristeza
ya no me gustas.
Ella, ¿te acuerdas todavía?,
trajo en su mano tu mirada de ceniza.
Ahora se ha marchado, tristeza,
con nuestra tarde en su alma.

Si ya no están sus ojos, fíjate.
Si hace falta su voz.
Si sus dedos de luna
ya no maduran su ternura en mi piel.
¿Para qué vas a quedarte?
Con ella se fue también tu dulzura,
suave y tranquila.

Sabes,
es muy amargo despertar para ver todo el tiempo tu rostro,
tu gesto gris, empeñado en ser amable conmigo,
en ser amable, muy amable.

Pero ella no está más para mi pecho,
y el día ya no tiene el camino
que llegaba siempre a sus morenos territorios.
Es muy áspera la tarde
en la que nadie los espera.

Romper la costumbre de tus labios
me ha costado mucha edad, por eso
es inútil que te quedes, tristeza
Hombres como yo, no pueden llorar
o estar todo el tiempo contigo.
Afuera, arde la historia, el aire, las naciones.
Pasan los pueblos
con el alba en las manos.

Surge, desde el martirio,
un viento de ojos claros.
Un nuevo canto de dignidad
baja del hombre a las estrellas.
Y como en una hoguera,
el odio se consume sin descanso.

Hay voces que se escuchan
en donde antes todo era silencio.
Sobre los hombros del pueblo
la noche se resquebraja,
y la mañana despunta en el asombro de todos.

Afuera, cada suceso cotidiano
tiene la digital del tiempo.
Y mientras tanto, tristeza,
yo no puedo llorar toda la vida su partida,
ni quedarme contigo.

Ha llegado tu hora, tristeza,
y tienes que irte de mi corazón.
Algún día nos veremos de nuevo.
Tal vez cuando ella vuelva,
y ya nada me importe su náufrago retorno.

Adiós, Tristeza,
olvídate de mí.