jueves, 29 de julio de 2010

Dime/ Jose Luis Borges

"Dime por favor donde estás,
en que rincón puedo no verte,
dónde puedo dormir sin recordarte
y dónde recordar sin que me duela.


Dime por favor dónde pueda caminar
sin ver tus huellas,
dónde puedo correr sin recordarte
y dónde descansar con mi tristeza.


Dime por favor cuál es el cielo
que no tiene el calor de tu mirada
y cuál es el sol que tiene luz tan sólo
y no la sensación de que me llamas.


Dime por favor cuál es el rincón
en el que no dejaste tu presencia.
Dime por favor cual es el hueco de mi almohada
que no tiene escondidos tus recuerdos.


Dime por favor cuál es la noche
en que no vendrás para velar mis sueños...
Que no puedo vivir porque te extraño
y no puedo morir porque te quiero"

Recuerda/ Christina Rossetti

" Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.
Recuérdame sin más cuando perdido
el sueño que soñaste, cual la rosa,
se deshoje, pues ya ninguna cosa,
promesa o ruego, llegará a mi oído.
Mas si me olvidas por un tiempo, amado,
al reparar en ello no te aflijas.
Si la muerte y los vermes han dejado
algún vestigio de mi pensamiento,
prefiero que me olvides si contento
estás a que me evoques y te aflijas"

Charlas con Troylo/ Antonio Gala

"Esta noche también he soñado contigo.

Corrías sobre el césped del jardín, vivo y dichoso, abanderando el rabo. Corrías hacia mí, me reclamabas. Tu ladrido pequeño henchía la mañana.

He alargado la mano, todavía dormido, buscando por la cama a tientas tu cabeza. Sin encontrarte, Troylo.

He encendido la luz. No estabas, Troylo.

No volverás a estar...

Dicen que no se pierde sino lo que nunca se tuvo. Es mentira.

Yo te tuve: te tuve y no te tengo.

Al pie del olivo que juntos estrenamos, una calva en el césped indica dónde estás.

El césped que plantamos hace nada para que tú corrieras, divertido, sobre él; para que tú, al venir la primavera y su templado soplo, te revolcaras jugando sobre él.

Tú no tendrás más primaveras, Troylo.

Ahora eres tú quien abona ese césped. En esto acaba todo.

¿Quién puede hacerse cargo de tal contradicción?

¿Pueden morir del todo alguna vez unos ojos que se han mirado tanto, se han entendido tanto, se han consolado tanto?

Quizá tú ahora habitas con quien más has querido.

Quizá tú ahora eres —si es que eres— más feliz que conmigo.

Quizá tú trotas, moviendo la menuda grupa, por los verdes campos del Edén. Pero durante once años y medio anduviste enredado a mis piernas;

arrebujaste tu lealtad a mi vera;

me seguiste a dos pasos por este mundo que, sin ti, no es el mismo. Continuarán los pájaros y los amaneceres, el chorro de la fuente ascenderá en el aire, como la vida, sólo para caer.

Pero no estarás tú, Troylo, compañero irrepetible mío.

Nunca más, nunca más.

Ya no habrá que sacarte a la calle tres veces cada día,

ni tampoco habrá que sacarte las muelas de noviembre,

ni acercarás resoplando el hocico a los respiraderos de los coches,

ni te asomaras encantado por las ventanillas,

ni me recibirás —enloquecido el rabo, ladrando y manoteando— a la puerta de la casa.

Ya no habrá que secarte cuando llueva,

ni cepillarte por la mañana al salir de la ducha,

ni reñirte porque pides comida: ya no sabré qué hacer con el trocito último del filete...

Nunca más.

Y no me hago a la idea.

¿Qué es lo que has hecho, Troylo?

Quiero dormir para soñar contigo,

para jugar contigo y regañarte, para no comprobar que te he perdido.

Con la garganta apretada he mandado hoy retirar tus breves propiedades:

tu toalla, tu manta, tu cepillo, tu peine y tus correas...

Las he mandado retirar, pero no lejos.

Porque a lo mejor una mañana te veo regresar, alegre y frágil, cariñoso y sonoro.

(Acaso esta pesadilla es una broma tuya, y se abrirá una puerta y tú aparecerás. De mis oídos no se quita el ritmo de tus pasos, ni la impaciencia de tu cascabel.)

O a lo mejor soy yo el que se acerca una mañana a ti —quién sabe— y te silbo y te llamo y tú levantas la cabeza con el gesto de siempre.

No te preocupes, Troyio: si nada dura —ni el amor—, tampoco la muerte durará.

En donde sea, estaremos todos juntos de nuevo, riendo y bromeando.

Si no, no habría derecho.

Mientras entró y salió la gente de mi vida —de nuestra vida—,

tú permaneciste a mi lado, imperturbable, fiel, idéntico, amoroso.

Juntos pasamos por la compañía y por la soledad.

Llegaste, Troylo, a ser yo mismo de otro modo.

El infortunio o el gozo, siempre los compartimos.

Quien a mí me dejó, te dejó a ti, y te quería quien a mí me quiso.

Me hablaba yo, y era a ti a quien hablaba.

La muerte se ha interpuesto en la conversación una vez más, la muerte.

Ahora sí que envejezco, ahora si que estoy solo.

Es la primera vez que te has portado mal conmigo.

Desde la ventana veré y el olivo y a tí al pie del olivo.

Troylo, amigo mio, interminablemante bajo el césped.

La muerte ha interrumpido nuestras charlas.

Descansa en paz,

Nadie jamás podrá sustituirte.

Hasta luego.

Hasta después."

sábado, 10 de julio de 2010

Lento pero viene

Lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con angeles maltrechos
y fieles golondrinas

despacio pero viene
sin hacer mucho ruido
cuidando sobre todo
los sueños prohibidos

los recuerdos yacentes
y los recién nacidos

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya casi está llegando
con su mejor noticia
con puños con ojeras
con noches y con días

con una estrella pobre
sin nombre todavía

lento pero viene
el futuro real
el mismo que inventamos
nosotros y el azar

cada vez más nosotros
y menos el azar

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

lento pero viene
lento pero viene
lento pero viene

M. Benedetti.

Zanahorias, huevos y café

Una hija se quejaba a su padre acerca de cuan difíciles le resultaba la vida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias, y las colocó en un bol. Sacó los huevos, y los colocó en otro bol. Coló el café y lo puso en un tercer bol.
Mirando a su hija le dijo: - "Querida, ¿qué ves?" - "Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.
Ella lo hizo y notó que estaban blandas.
Luego, le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café.
Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
La hija preguntó: -"¿Qué significa esto, padre?" Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, estaba hecha pulpa, casi deshecha.
El huevo había llegado al agua frágil. La cáscara fina protegía su interior. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos.
Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
El padre preguntó:
-"Y ahora dime, ¿cual eres tú?"