martes, 29 de septiembre de 2015

Egoísmo a dúo



"....Egoísmo a dúo es una forma de relación basada en la dependencia, 

la búsqueda de seguridad, 

necesidad del otro, 

la renuncia a la interdependencia personal, 

la ausencia de libertad, 

celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, 

el enclaustramiento mutuo que propicia el conformismo, 

el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, 

la despolitización y el vaciamiento del espacio social, 

con notables consecuencias para las democracias occidentales 

y para la vida de las personas..."




"...El amor, más que una realidad, 
es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. 
En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; 
probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. 
Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo. 
Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basa en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. 
En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. 
El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto..."



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"...Decía Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, 
en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales.


“La gente capaz de amar, en el sistema actual, 
constituye por fuerza la excepción; 
el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. 


Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, 
de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, 
que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas..."


Fuente: http://haikita.blogspot.com.es/2009/12/el-amor-romantico-como-utopia-emocional.html

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco



“Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos y gentiles; a negros y blancos. Todos queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.


El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido ese camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.


El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.



La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.


¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; diciéndoos qué hacer, qué pensar o qué sentir! Que os obligan a hacer la instrucción, que os mal alimentan, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Solo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!



¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!



En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre ¡No de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.



Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. Pero mienten. No han cumplido esa promesa ¡Ni la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros ¡Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!


− −
Hannah ¿Puedes oírme? Dondequiera que estés, alza los ojos ¡Mira, Hannah! ¡Las nubes están desapareciendo! El sol se está abriendo paso a través de ellas. Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz.¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! ¡Mira, Hannah! ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! ¡Alza los ojos, Hannah! ¡Alza los ojos!”

viernes, 18 de septiembre de 2015

Umbral de pobreza



También en el amor hay un umbral de pobreza.
Es aquel que por debajo de cierto nivel de afecto,
no percibes que estás muriendo.

Juan Leyva

viernes, 11 de septiembre de 2015

Para qué he vivido



" Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad ."

Bertrand Russell, Autobiografía , 1967.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Espectáculo




Los niños que se aman se abrazan de pie
Contra las puertas de la noche
Y los paseantes que pasan los señalan con el dedo
Pero los niños que se aman
No están para nadie
Y es sólo su sombra
Quien tiembla en la noche
Excitando la rabia de los paseantes
Su rabia ,su desprecio, sus risas y su envidia
Los niños que se aman no están para nadie
Están en otra parte mucho más lejos que la noche
Mucho más alto que el día
en la deslumbrante claridad de su primer amor.

Jacques Prevert 

Ni una sola verdad

Hoy quemé tu carta.
La única carta que me escribiste. 
Y yo te he estado escribiendo, sin que tu lo sepas, dia a dia. 
A veces con amor, a veces con desolación, otras con rencor. 
Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, 
diecinueve comas, once puntos seguidos, diecisiete acentos ortográficos
y ni una sola verdad.

"El principio del placer"
Jose Emilio Pacheco

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La verdad

«Solo las personas atormentadas quieren la verdad.
El hombre es como los demás animales, 

quiere comida y éxito y sexo
no verdad.
Solo cuando la mente
torturada por alguna tensión interior
ha perdido toda esperanza de felicidad,
odia su jaula llena de vida
y busca más allá».


John Gray



Ahora escucho, cuando antes sólo tenía oídos,
Ahora veo, cuando antes sólo tenía ojos,
Ahora vivo cada instante, cuando antes solo vivía años,
Y distingo la verdad, yo, que antes sólo era sensible al saber.

Henry David Thoreau