lunes, 22 de octubre de 2018

Lo que pudo ser un gran amor



Yo no sé si tú esperas todavía,
el gran amor con que soñaste en vano,
que era un pozo en la tarde de verano,
y era la sed que el pozo calmaría.

Yo sólo sé que estuvo cerca un día,
cuando tú lo creíste más lejano,
y fue una llama que se heló en tu mano,
al separar tu mano de la mía.

Así fue: Poca cosa en el olvido,
como el viento que llega y ya se ha ido
o la rama partida sin dar flor;

pero no es culpa mía si tú hiciste
una cosa vulgar, pequeña y triste,
de lo que pudo ser un gran amor.




José Ángel Buesa

martes, 16 de octubre de 2018

Defendiendo la tristeza


“La tristeza es una de las más importantes, bellas y fructíferas emociones que experimentamos los seres humanos. Es la mensajera de lo que hemos perdido, de lo que nos importa, de lo que nos da sentido. Es la invitación a la reflexión frente al misterio de la vida y la muerte, es el llamado a valorar lo que tuvimos, a inclinarnos frente a los que nos dieron tanto y ya no están.

La tristeza es compañera indispensable, junto a otras emociones, de los procesos de aprendizaje profundos, de los ascensos de nuestros niveles de conciencia. ¿Cómo podríamos darnos cuenta, sin experimentarla, de lo que no apreciamos en otros tiempos cuando no teníamos ojos para ello?

Ella viene cuando experimentamos la pérdida de algo que nos importa o cuando agrandamos el mundo de lo que nos importa. También viene como un susurro espiritual, haciéndonos saber de pérdidas que los seres humanos hemos experimentado como especie, viejas heridas que pertenecen a tiempos anteriores a nuestra existencia personal, y que debemos sanar colectivamente.

Desafortunadamente, hemos dejado de escucharla, de poner atención a su mensaje, de permitirle que haga su trabajo. Esto se debe al temor de que se transforme en un estado de ánimo, es decir, de que se haga permanente, que estemos tristes no cuando enfrentamos determinadas circunstancias, sino que “independientemente” de las circunstancias, recurrentemente. Generalmente caemos en estados de ese tipo cuando se apoderan de nosotros ciertos juicios de la vida o de nosotros mismos. Eso ya es todo un tema de coaching.

Como lo he dicho muchas veces, la tristeza tiene mala prensa. Por ello, cuando nos visita recurrimos a la entretención, a la distracción, a cualquier otro quehacer menos al que ella nos invita. El resultado está a la vista, tenemos una epidemia de depresión, el resultado precisamente de negarnos a escuchar la emoción que nos orienta hacia el sentido de la vida.

La tristeza busca el silencio, nos aleja del mundo por un rato para mirarlo con cierta distancia, con una nueva perspectiva, invitándonos a valorar lo que tenemos y lo que hemos perdido.

La tristeza nos llama a los pasos lentos, sugiriéndonos mirarlo todo como si por primera vez. Nos inclina para que apreciemos la Tierra, y nos llena de lágrimas para limpiar la mirada. Nos invade, nos aprieta la garganta, nos estremece misteriosamente. Nos hace visitar el sinsentido, la desesperanza, la pequeñez de nuestra existencia, sólo para que podamos apreciar más tarde nuestra grandeza, el propósito de la vida y el calor de la esperanza. Y nos lleva al llanto, y con él humildemente tocamos nuestra impotencia, sólo para agradecer más tarde que nos ha llenado de una voluntad fresca, misteriosa, espiritual.

Cuando tengo el privilegio de trabajar con mis estudiantes, uno de los primeros pasos que damos consiste en legitimar la tristeza, en aceptarla como un regalo. Sólo entonces ella tiene lugar para realizar su trabajo y una vez que lo ha hecho, graciosamente se retira dejando el terreno para que la alegría haga el suyo.”

Julio Olalla.

sábado, 6 de octubre de 2018

Hacer un mundo mejor

Se justifica vivir si el mundo es un poco mejor cuando uno muera, como resultado de su trabajo y esfuerzo. Vivir simplemente para gozar es una legítima ambición animal. Pero para el ser humano, para el Homo Sapiens, es contentarse con poco.

Para distinguirnos de los demas animales, para justificar nuestro paso por la tierra, hay que ambicionar metas superiores al solo goce de la vida. La fijación de metas distingue a unos hombres de otros. Y aquí lo más importante no es alcanzar dichas metas, sino luchar por ellas.

Todos podemos ser protagonistas de la historia. Como células que somos de ese gran cuerpo universal humano, somos sin embargo conscientes de que cada uno puede hacer algo por mejorar el mundo en que vivimos y en el que vivirán los que nos sigan.

Debemos trabajar por el presente y por el futuro, y esto nos traerá mayor gozo que el simple disfrute de los bienes materiales. Saber que estamos contribuyendo a hacer un mundo mejor, debe ser la máxima de las aspiraciones humanas."

HÉCTOR ABAD 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Mierda New Age

"Está de puta madre creer en eso de que “todo cambia, todo fluye, todo vuela, todo se va”. Es algo que suelen compartir en redes aquellos que lideran un cambio, que lo protagonizan, esas personas para los que el cambio, en ese momento de su vida, es positivo. Los verdugos. Pero ¡ay!, cuando te echan del curro, cuando se te muere alguien, cuando te divorcias, entonces se te quitan las gilipolleces de la cabeza, ¿verdad? Vete a decirle a un somalí tirado en medio del desierto y muerto de sed que no te bañarás dos veces en el mismo río.
Porque una cosa es aprender de tus errores y entender que hay cosas que son imposibles y otras creer que todo fluye, que lo único a lo que te puedes agarrar es a ti mismo.
Y es muy probable que lo ideal fuese tener esa capacidad de aceptar el cambio, pero es enormemente pretencioso creer que podemos hacerlo sea cual sea su magnitud, que somos tan grandes como para poder aceptar la inevitabilidad de las cosas. (...)
Porque efectivamente, todo cambia, todo se va, envejecemos, morimos, todo se va a la mierda. Pero eso no es nada bueno. No es nada positivo, aunque te empeñes. Es pura mierda neoliberal new age para que creas que hay cosas que no deben ser cambiadas, que no deben existir las líneas rojas, que se puede ser un auténtico miserable porque sencillamente formas parte de un cambio y que el universo es así, que puedes hacer lo que te salga de los cojones porque todo fluye. Que la lealtad, la ética, la verdad, la amistad…son pequeñas fruslerías al lado de lo irremediable del cambio. (...) Mientras estés del lado de los que ejecutan, te será más fácil aceptar el cambio.
No. Todo no fluye. Todo no cambia. Hay ríos que no cambian, donde te puedes bañar hasta dos, tres o 40 veces, y eso es lo que da sentido a la vida. Encontrarlos. Saber que existen."
CARLOS FAEMINO

martes, 31 de julio de 2018

This is your life

Just a ride/ Bill Hicks

Soneto de otoño/ May Sarton





Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir a sus hojas, 
tan fácil, una por una.
Si llego a saber lo que ellos saben,
que la caída es sosiego, es consumación;
entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no turbará los grandes cielos lúcidos,
este otoño tan raro, apacible y sutil.
Si puedo enfrentar lo oscuro con los ojos abiertos,
llamarlo estacional en vez de extraño o cruel
(porque incluso el amor requiere un tiempo de sueño)
y, ante el cambio, quedarme quieta como un árbol,
perder lo que pierda para guardar lo que pueda,
con la raíz sólida, viva bajo la nieve,
el amor permanecerá -- si puedo dejarte ir.