viernes, 18 de mayo de 2018

Robar a los pobres



Todos los negocios del mundo
se reducen a uno solo, Antonio,
robar a los pobres.

Por muchos nombres que le pongan,
por muy bonito que lo vistan,
este es el único negocio que hay en el mundo.

Yo pongo la tierra, las semillas, el agua, el trabajo,
y los beneficios se los llevan los intermediarios.
A mí me están pagando el kilo de tomates
a 20 céntimos,
pero si tú vas a comprarlos a la tienda
te lo cobran a dos euros.

¿Esto como es posible?,
pues porque en el mundo hay listos y tontos,
y a nosotros nos tocó estar entre los tontos.
Los tontos son los que trabajan desde niños,
los que tratan de vivir
haciendo el menor daño posible,
los que cumplen con las leyes, con el fisco;
los tontos son los que se resignan,
los que se conforman,
los que agachan la cabeza,
los que no quieren problemas;
los tontos son los que mueren por una patria
que te compra los tomates a veinte céntimos.

Cada cinco minutos nace un tonto.
Extremadura es uno de los sitios
donde más tontos nacen de toda España,
no lo digo yo, lo dicen las estadísticas.

Pero yo me pregunto,
y un tío que es multimillonario,
que tiene millones y millones,
¿para qué quiere más,
qué necesidad tiene de seguir robando?

¿Es que a la hora de acostarse,
se puede meter en más de una cama?


'Extremadura', Antonio Orihuela.
En 'Arder. Antología poética (1995-2012)', Ed. Lupercalia

viernes, 9 de marzo de 2018

martes, 27 de febrero de 2018

Instrucciones a mis hijos



Jamás un conato de daros la vuelta

Jamás una huida, por muchos que sean

Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,

Jamás os lo noten, que no se den cuenta

Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas

Aunque fuese a gatas, llegad a la meta

Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!

Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…

(Si es que los hubiera)

Yo no los conozco,

Y mira que llevo yo sueños a cuestas

Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!

Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa

No hay nadie en el mundo que no la merezca

Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!

A cada ser vivo que habite la tierra

Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra

Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre

Y no preguntarnos qué sueño le inquieta

Qué historia le empuja,

Qué pena lo envuelve,

Qué miedo le para,

Qué madre lo tuvo,

Qué abrazo le falta,

Qué rabia le ronda,

Qué envidia lo apresa…

Jamás, y los digo faltándome fuerzas,

Si el mundo se para,

Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje

Remangaos el alma,

Sed palanca y rueda,

Tirad de la vida vuestra y de quien sea,

Que os falte camino,

Perded la pelea contra los enanos

No sed los primeros,

Que os ganen los hombres que no tienen piernas

No sabedlo todo,

Dejad que contesten los que menos sepan

Las manos bien grandes,

Las puertas abiertas,

Anchos los abrazos, fuera las fronteras

Hablad un idioma claro, que se entienda

Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza

Mirando a los ojos,

Dejando una huella

Prestad vuestra vida,

Regaladla entera

Que a nadie le falte ni una gota de ella

¡Cantad!

Que cantando la vida es más bella

Y jamás, os hablo desde donde nazca

El último soplo de vida que tenga,

Jamás una huida,

Por muchos que sean…



Magdalena S. Blesa

Escritora

martes, 7 de noviembre de 2017

Ser de agua. Sara Méndez

“La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar"
Isak Dinesen

Tú no puedes entenderlo, pero cuando siento los pies pesados y débiles de puro desaliento, me lanzo al agua y adquiero la misma ligereza que los peces escabulléndose de un tiburón resentido; cuando de puro dolor me falta el aire y me ahogo en la soledad de una habitación repleta de gente, sumerjo la cabeza en el agua y arranco a respirar con la misma libertad que un delfín en alta mar; cuando mi cuerpo hierve con fiebre de pura nostalgia, me zambullo en el agua y en ella se extingue el fuego que aviva las ausencias, tal como sofoca una tormenta de verano un bosque ardiente. Tú no puedes entenderlo, pero la tierra quemada sabe de ese agua que limpia y renueva la piel después de cada agravio, de cada desencanto, de cada humillación, la tierra ensordecida sabe del sonido sereno del agua que te cubre como un eco, del manto protector con que te envuelve, cada gota de lluvia, en una niebla húmeda que no atraviesa el miedo.

Tú no puedes entender la aquietada vida bajo el agua, el tiempo bajo el agua compuesto, no por horas, minutos ni segundos, sino por espectros bañados de esperanza, pulsiones de perdón, latidos de un renacimiento. Si eres capaz de entender que el agua haga brotar una hoja verde en una rama medio muerta, y nazca una nueva flor en un jardín descuidado, o que la hiedra trepe por la tapia de una ruina, entonces no es tan difícil que en la superficie del agua revivan las sonrisas borradas ayer por un error, por un descuido, por simple dejadez. Me gustaría poder enseñarte todos los sonidos, todas las voces que susurran bajo el agua, las voces de algunos que se fueron, las voces de otros que aún están por llegar y ya te van llamando, y que el estruendo de los días apenas permiten escuchar.

Enseñarte también a sentir la caricia que recorre la piel como terciopelo húmedo, como el sudor en las manos de un amante olvidado, enseñarte a sentir esa lengua mojada que explora cada oquedad de los cuerpos desnudos.

Quisiera compartir la eternidad de un instante bajo el agua contigo, que la fuerza del agua derribase la nada que nos separa, de mi aliento a tu boca insuflar la tormenta que te despierte y jugar a pintar con colores el vacío en los ojos, a la sombra del agua.

lunes, 9 de octubre de 2017

Ausencia. Joseph Brodsky



Querida, era muy tarde hoy cuando salí de la casa

para aspirar un poco de aire fresco del océano.

Se quemaba el ocaso como un abanico chino estremecido

y los nubarrones se elevaban como la cola

de un piano negro de concierto.

Veinticinco años atrás te ponían loca los dátiles,

dibujabas con tinta, cantabas un poquito,

te divertías conmigo y te fuiste con un ingeniero químico.

Las cartas dicen que hoy eres tenazmente tonta,

que te ven en las iglesias de provincia

y en las de la capital.

Vas a las misas por amigos comunes

que no volverán a tu vecindad.

Y estoy contento de que no haya en el mundo

tanta distancia como la que nos separa a los dos

No me entiendas mal. Ya nada me une

a tu cuerpo, a tu nombre, a tu voz.

Nadie los ha destruido. Fíjate.

Pero por lo menos para olvidar una vida

uno requiere de otra y para mi eso fue cosa vivida.

Tuviste suerte también, ¿dónde más sino en la fotografía

seguirás siendo siempre joven, sin arrugas, ligera?

pues el tiempo enfrentado a los recuerdos

se da cuenta de su falta de derechos.

Fumo en las sombras y aspiro el hedor de la marea.




Joseph Brodsky

jueves, 5 de octubre de 2017

Los hombres/ Maya Angelou



Cuando era joven, tenía la costumbre de mirar

detrás de las cortinas

a los hombres que iban y venían por la calle. Hombres viejos, borrachos.

Hombres jóvenes, más ácidos que la mostaza.

Los veía. Los hombres siempre

están yendo a alguna parte.

Ellos sabían que yo estaba ahí. Con quince

años, y famélica.

Se paraban debajo de mi ventana

con los hombros en alto, como los

pechos de una adolescente,

y la cola del traje palmeándoles

las nalgas,

los hombres.




Un día te toman con delicadeza

entre sus manos, como si

fueras el último huevo crudo de la tierra. Después

aprietan. Un poquito nomás. El

primer estrujón es agradable. Un abrazo rápido.

Suaves hasta tu indefensión. Un poquito

más. Y empieza a doler. Te arrancan una

sonrisa que patina en el miedo. Cuando

se acaba el aire,

el cerebro te explota, estalla breve y feroz

como la cabeza de un fósforo. Hecho trizas.

Es tu jugo

el que baja por sus piernas. Manchándoles los zapatos.

Mientras la tierra vuelve a enderezarse

y el gusto trata de retornar a la lengua,

tu cuerpo ya se cerró. Para siempre.

No existen llaves.




Después la ventana se cierra toda sobre

tu mente. Ahí, detrás

del oscilar de las cortinas, caminan los hombres.

Sabiendo algo.

Yendo a alguna parte.

Pero esta vez, nada más voy a

pararme y mirar.




A lo mejor.

lunes, 2 de octubre de 2017

Deseo que...

"Te deseo que tengas muchas dudas, una vida llena de interrogantes que te hagan pensar y tirar cosas que guardas pero que ya no te valen, que tu vida nunca se asiente más en pilares inamovibles, que el viento te afecte, te tumbe y que la desgracia pueda tocarte para que puedas descubrir realmente quién eres ."