miércoles, 1 de febrero de 2017

Adiós, Tristeza- Mario Benedetti




Ahora tienes que irte de mi corazón, tristeza
ya no me gustas.
Ella, ¿te acuerdas todavía?,
trajo en su mano tu mirada de ceniza.
Ahora se ha marchado, tristeza,
con nuestra tarde en su alma.

Si ya no están sus ojos, fíjate.
Si hace falta su voz.
Si sus dedos de luna
ya no maduran su ternura en mi piel.
¿Para qué vas a quedarte?
Con ella se fue también tu dulzura,
suave y tranquila.

Sabes,
es muy amargo despertar para ver todo el tiempo tu rostro,
tu gesto gris, empeñado en ser amable conmigo,
en ser amable, muy amable.

Pero ella no está más para mi pecho,
y el día ya no tiene el camino
que llegaba siempre a sus morenos territorios.
Es muy áspera la tarde
en la que nadie los espera.

Romper la costumbre de tus labios
me ha costado mucha edad, por eso
es inútil que te quedes, tristeza
Hombres como yo, no pueden llorar
o estar todo el tiempo contigo.
Afuera, arde la historia, el aire, las naciones.
Pasan los pueblos
con el alba en las manos.

Surge, desde el martirio,
un viento de ojos claros.
Un nuevo canto de dignidad
baja del hombre a las estrellas.
Y como en una hoguera,
el odio se consume sin descanso.

Hay voces que se escuchan
en donde antes todo era silencio.
Sobre los hombros del pueblo
la noche se resquebraja,
y la mañana despunta en el asombro de todos.

Afuera, cada suceso cotidiano
tiene la digital del tiempo.
Y mientras tanto, tristeza,
yo no puedo llorar toda la vida su partida,
ni quedarme contigo.

Ha llegado tu hora, tristeza,
y tienes que irte de mi corazón.
Algún día nos veremos de nuevo.
Tal vez cuando ella vuelva,
y ya nada me importe su náufrago retorno.

Adiós, Tristeza,
olvídate de mí.

1 comentario:

Steppenwolf dijo...

..."el camino que llegaba siempre a sus morenos territorios"... que bueno!
Sin conocerlo de nada, Benedetti siempre me ha parecido cercano y familiar, como un viejo amigo de sabiduría.
A veces la imagino frente a una mesa de un pub de la playa tomando ron sin hielo, con una corteza de limón, hablando de todo y de nada en un escenario vacío por culpa de sus ojos.