viernes, 9 de septiembre de 2016

Ventanas altas- Philip Larkin

Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que ése es el paraíso
que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites, ladera abajo,
hacia la felicidad. 
Me pregunto si cuarenta años atrás, mirándome, 
alguien habrá pensado: Eso es vida, 
nada de dios, ni de sudar de noche
pensando en el infierno, ni de ocultar
lo que opinas del pastor. Ese y sus
amigos se deslizarán, maldita sea,
libres como pájaros. 
Y de inmediato,
más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

1 comentario:

Steppenwolf dijo...

Miedo a conocerla y no sentir miedo.
Los cuentos de Carver nunca te dejan indiferente, algo así como un buen trago de tequila a morro.