martes, 29 de noviembre de 2011

Historia de la resurrección del papagayo

El papagayo se cayó en la olla que humeaba.

Se asomó, se mareó y cayó.

Cayó por curioso, y se ahogó en la sopa caliente.

La niña, que era su amiga, lloró.

La naranja se desnudó de su cáscara

y se le ofreció de consuelo.

El fuego que ardía bajo la olla

se arrepintió y se apagó.

Del muro se desprendió una piedra.

El árbol, inclinado sobre el muro,

se estremeció de pena,

y todas sus hojas se fueron al suelo.

Como todos los días, llegó el viento

a peinar el árbol frondoso; y lo encontró pelado.

Cuando el viento supo lo que había ocurrido,

perdió una ráfaga.

La ráfaga abrió la ventana,

anduvo sin rumbo por el mundo

y se fue al cielo.

Cuando el cielo se enteró

de la mala noticia, se puso pálido.

Y viendo al cielo blanco,

el hombre se quedó

sin palabras.

El alfarero de Ceará quiso saber.

Por fin el hombre recuperó el habla,

y contó que el papagayo se había ahogado

y la niña había llorado

y la naranja se había desnudado

y el fuego se había apagado

y el muro había perdido una piedra

y el árbol había perdido las hojas

y el viento había perdido una ráfaga

y la ventana se había abierto

y el cielo se había quedado sin color

y el hombre sin palabras.

Entonces el alfarero reunió toda la tristeza.

Y con esos materiales, sus manos

pudieron renacer al muerto.

El papagayo que brotó de la pena

tuvo plumas rojas del fuego

y plumas azules del cielo

y plumas verdes de las hojas del árbol

y un pico duro de piedra y dorado de naranja

y tuvo palabras humanas para decir

y agua de lágrimas para beber y refrescarse

y tuvo una ventana abierta para escaparse

y voló en la ráfaga del viento.


Eduardo Galeano

1 comentario:

Josu Sein dijo...

El gran Eduardo... Si hubiera leído esto en mi infancia-adolescencia mi postura habría sido aún más temprana, si cabe.


"LA MOSCA" (William Blake

Mosca diminuta,
tu juego de estío
mi mano inconsciente
barrió de un plumazo.

¿Pues no soy, acaso,
mosca como tú?
¿O es que eres humana,
tal vez, como yo?

Pues yo bailo y bebo
y canto; hasta el punto
en que un manotazo
ciego me derriba.

Si el pensar es vida
y fuerza y aliento:
y el no pensar
es muerte;

entonces yo soy
una mosca alegre,
ya viva
o muera.