viernes, 8 de mayo de 2009

Vamos a delirar por un ratito..

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será,
sí que tenemos,
al menos,
el derecho de imaginar
el que queremos que sea.
Naciones Unidas han proclamado
extensas listas de derechos humanos;
pero la inmensa mayoría de la humanidad
no tiene más que el derecho de ver, oír y callar.

¿Qué tal si empezamos a ejercer
el jamás proclamado derecho de soñar?
¿Qué tal si deliramos, por un ratito?
Al fin del milenio vamos a clavar los ojos
más allá de la infamia,
para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno
que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;
la gente no será manejada por el automóvil,
ni será programada por la computadora,
ni será comprada por el supermercado,
ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia;
la gente trabajará para vivir,
en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez,
que cometen quienes viven por tener o por ganar,
en vez de vivir
por vivir nomás,
como canta el pájaro sin saber que canta
y como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar,
sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo,
ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas
les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países
les encanta ser invadidos;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres,
sino contra la pobreza,
y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía,
ni la comunicación un negocio,
porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre,
porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura,
porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero,
porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio
de quienes puedan pagarla;
y la policía no será la maldición
de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad,
hermanas siamesas,
condenadas a vivir separadas,
volverán a juntarse,
bien pegaditas,
espalda contra espalda;

en Argentina,
las locas de Plaza de Mayo
serán un ejemplo de salud mental,
porque ellas se negaron a olvidar
en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la perfección..
la perfección seguirá siendo
el aburrido privilegio de los dioses;

pero en este mundo,
en este mundo chambón y jodido,
cada noche será vivida como si fuera la última
y cada día, como si fuera el primero.

E.Galeano

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