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viernes, 12 de marzo de 2010
Descripción de la mentira [Fragmento]
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,
y no acepté otro valor que la imposibilidad.
Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,
escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;
escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra
al ingresar en lo que quedaba en mí;
escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en
mi espíritu,
y no pude resistir la perfección del silencio.”
A. Gamoneda
lunes, 8 de marzo de 2010
Esta tarde tuve un sueño
Estaba de viaje en algún lugar, no sé dónde, y me acompañaba mi hermana.
De repente, empiezo a sentir que mi visión es turbia, como si llevaras gafas y se hubiesen empañado los cristales. Sólo podía ver formas indefinidas. Agobiada le pido a mi hermana que nos alejemos de un centro bullicioso, lleno de turistas y de nativos que van de un lado a otro y que nos marchemos caminando a algún lugar a que me atiendan.
No sabemos bien hacia donde ir pero vamos caminando mientras hablamos de mil cosas.
Es extraño, a veces puedo recuperar por un momento la claridad, otras tengo delante de mis ojos como una nebulosa que me impide ver con nitidez.
Vamos por una calle llena de tráfico y un perro muy grande, de color canela y largo pelaje camina despacio por medio de la calzada. Está abandonado, debe de estar exhausto, con hambre.. parece que se arrastra sin dirección. De repente pasa un coche y le golpea las patas traseras. El coche sigue su camino y yo miro cómo el animal derribado en el suelo se queda quieto. Al cabo de un par de minutos se levanta y sigue unos pasos.. con una cojera aún más acentuada, pero resignado, como si no fuera la primera vez, como si estuviese habituado a la indiferencia de la gente y a los golpes.
Antes de poder reaccionar, giro la cabeza para decirle algo a mi hermana y oigo un golpe tan fuerte que cuando miro de nuevo a mi izquierda, compruebo que incluso ha arrancado de cuajo algunas piedras del asfaltado de la calle. El perro está tumbado a un lado, casi muerto. El hombre del coche baja y le grita porque el golpe le abolló la parte lateral de su coche. Luego, sube de nuevo al vehículo y se marcha. En ese momento soy consciente de que estoy viendo con toda claridad esa escena.
La gente pasa a su lado pero nadie se detiene a auxiliarlo. El perro se muere. Me voy hacia él y cuando lo tengo justo enfrente le tiendo la mano, él agacha la cabeza y cierra los ojos.. creo que tiene miedo. Pero él sabe que yo no le voy a hacer ningún daño y se acerca buscando mis caricias. De repente siento que me ahogan un montón de sensaciones en la garganta. Siento tanta rabia e impotencia que estallo en un grito horrible para caer al final derrumbada sobre mis rodillas al lado del perro. Con los ojos cerrados, poso la mano izquierda sobre la cabeza del animal que descansa encima de mis piernas mientras le acaricio su pelo.. su tacto es cada vez más suave.
Todo es confusión ahí fuera. Me parece oír gente pero como a lo lejos, creo adivinar luces de coches que me apuntan directamente a los ojos pero no puedo distinguirlos, no pueden pasar porque estamos justo en medio de la calle, pienso. No me importa, les odio a todos. Sigo con los ojos cerrados, mi propio grito me ha dejado en un estado de aislamiento en el que sólo existe la soledad de ese perro y yo.
Lloro deshecha.., es un llanto amargo que no deja escapar apenas lágrimas, porque no arranca de tanto que duele. Y no puedo concentrarme más que en los últimos estertores de ese animal, en su respiración y en cómo habrá sido su vida.. y sigo llorando porque me invade una pena infinita.. no puedo concebir que un ser vivo pueda conocer el amor y la compasión justo cuando está a punto de morir. Y sigo llorando y llorando porque creo que no merece la pena vivir en un mundo en el que te arrastras para ser golpeado una y otra vez mientras buscas ayuda a tu alrededor y no encuentras mas que indiferencia...
Y comprendo entonces por qué no puedo distinguir luces o personas, por qué no puedo reconocer los sonidos de la calle, por qué lo encuentro todo turbio, lejano y borroso..
Maya
miércoles, 3 de marzo de 2010
El Libro del Desasosiego
¿Quién sabe siquiera lo que piensa, o lo que desea?
sábado, 27 de febrero de 2010
Invisibilidad
el resto es silencio.
Sólo que el silencio no existe.
Las palabras no hacen el amor,
hacen la ausencia.
Si digo agua, ¿beberé?
Si digo pan, ¿comeré?
Lo que pasa con el alma es que no se ve.
Lo que pasa con el espíritu es que no se ve.
¿De dónde viene esa conspiración de invisibilidad?
Ninguna palabra es visible.
"El lado oscuro del corazón 2"
lunes, 15 de febrero de 2010
Déjame enredarme (Amante)
Déjame enredarme en cada mechón de tu placer desconocido. Anudándolo a mis pies cuando me sujeten las piernas a tus hombros. Abierta de par en par. Totalmente anegada. Rendida. Colmada. Préstalo a mi boca, que mi lengua lo recorra, que lo empape de mí. Dáselo a mis diez juguetes calientes, enmarañados en tu nuca, ensimismados con su premio. Arrástralo por cada punto cardinal. Barre con él mi latitud. Recréate en mis colinas, sin tiempo, sin prisa, mientras mi cuello te ofrece su sangre ardiente. Muévete tan dentro, tan hondo, tan duro… déjale volar en cada entrada, en cada salida. Prometo excitarlo. En un clímax sedoso, largo, oscuro, perfecto. Regálame tus labios húmedos, mientras tu pelo observa en mis caderas. Una vez solamente. Nada más un encuentro. No puedo esperar mucho más. Enrédame ahora.
AMANDO
Te enredo. A mi antojo.
AMADO
Tensos tus hombros me amarran, fuertes. Me invitas a lamer cada beso. Clavadas mis uñas en las sinuosas dunas de tu espalda. Tus muslos me provocan, me aprietan, me siembran. La brisa se excita… y gime. Las nubes descienden al tiempo que tú me elevas. Se dejan morder, tocar, rozar… y su sabor nos colma. Aquel que sólo tu y yo tenemos permiso para gozar. En secreto. Nunca en vano.
Un poema de Ana Arroyo
miércoles, 10 de febrero de 2010
Llorar a chorros
Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Oliverio Girondo
lunes, 8 de febrero de 2010
Lugares comunes
"El despertar de la lucidez puede no suceder nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo. Y cuando llega, se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe tambien que no hay metas y que no hay progreso.
Se entiende, aunque no se quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada;
que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultaneas e inseparables.
Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia..."
El dolor de la lucidez
"Me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también, enseñando también, el método para entender, analizar, razonar y cuestionar esa información.
Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, en dogmas religiosos o en doctrinas políticas sería saludable que se dedicara predicar en un templo o desde una tribuna.
Si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo, antes de entrar en el aula. No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve. Lo que se impone por la fuerza es rechazado y en poco tiempo se olvida. Ningún chico será mejor por saber de memoria el año en que nació Cervantes. Póngase como meta enseñarles a pensar, a que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por sus respuestas. Las respuestas no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa.
Las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas son ya lugares comunes, pero no pierden vigencia: qué, cómo, dónde, cuándo, por qué. Si en esto admitimos, también, eso de que "la meta es el camino", como respuesta no nos sirve. Describe la tragedia de la vida, pero no la explica. Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado, pero que yo espero de ustedes, como maestros, se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin piedad. Sin límites".