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viernes, 6 de agosto de 2010

Una palabra tuya / Elvira Lindo


"...Son cosas a las que te acostumbras, te acostumbras a que la desconsideración de la gente no te haga daño. Se te hace callo en el alma igual que en las manos. Al principio, te cuando salía de noche, en el turno de las seis de la madrugada, que en invierno se hace tan duro por el frío, ese frío cabrón que a mí me traspasa todos los calcetines, me sentía desgraciada por mi manía de compararme con el resto de la humanidad.
Milagros decía que era envidia, y no, no es envidia. Ni es soberbia ni es envidia.
No lo digo para defenderme, pero no es envidia. Es el sentido de la justicia, que yo lo tengo muy interiorizado.
Hay personas que viven una vida asquerosa en todos los sentidos, desde el sueldo que ganan hasta el marido que les tocó en la rifa, o la cara horrenda que les ha dado Dios para que afeen el mundo a su paso, y sin embargo, esas personas son felices cuando dicen, qué bien que estamos todos juntos otra vez por Nochevieja; son capaces de ver a todo ese famoseo que sale en la televisión entrando y saliendo de fiestas, entrando y saliendo de hoteles, saliendo del aeropuerto, entrando en el AVE, y en ningún momento se les pasa por la cabeza el pensar, y por qué coño ellos sí y yo no. A ver, que alguien me diga por qué. Son personas que ven al prójimo y no se comparan, ¿no es increíble? Y se alegran cuando los Reyes de España saludan desde el yate de verano porque no son capaces de decirse a sí mismos, qué pasa aquí, qué pasa conmigo. Dios mío, tú que todo lo ves, por qué a mí no me llega el sueldo ni para ir a un cámping de Benidorm. Indignaos, coño, que no tenéis sangre en las venas. ¿Estamos hablando de la envidia?, pregunto.

Mi madre solía decirme, hija mía, es que tú tiendes a ver siempre la vida por el lado más desagradable. Y si tu madre te machaca con esa idea de ti misma desde pequeña, te lo crees, porque, cuando eres niño te crees todo lo que te diga tu madre, aunque vaya en contra de tu autoestima, aunque te deje para siempre hundida en el barro, aunque te coma las entrañas, como un alien, la sospecha de que tal vez tenga razón, que puede que la vida sea de otra manera pero que hay algo en ti, como una tara de nacimiento, que hace que la veas por el lado más miserable.
Aún así, en cuanto tuve un poquito de uso de razón, en cuanto tuve conciencia, me esforcé por convencerme de que no era mío el problema, como me repetía mi madre, sino del mundo, que no está bien repartido. Ni el dinero ni la belleza. El problema es que en el cerebro de mi madre sólo cabían tres ideas y la pobre las mareó toda su vida y me torturó a mí, y a pesar de que, repito, no era una mujer inteligente, y ahora lo sé, lo sé todo, lo tengo todo ordenadito en el cerebro, los padres, aunque sean tontos de baba, o locos o asesinos, influyen sobre nosotros. Quien haya sido capaz de librarse de una madre que tire la primera piedra.

No tengo ningún interés en ver la vida negra, mamá, te lo juro, le decía, ningún interés, pero cualquier persona con dos dedos de frente se plantea así de crudamente la realidad. Esto es lo que Dios le concedió a estos y esto es lo que me concedió a mí esto es lo que te concedió a ti. Y no hay más verdad en la vida que esa, mamá. Ella decía que mis creencias eran incompatibles con la palabra de Dios, que Dios nos manda pruebas y hay que intentar superarlas y que en ese afán se puede encontrar también la felicidad. Y yo le decía que desde hacia tiempo se sabía que marxismo y religión eran compatibles. Y es extraordinario que aunque mi madre no tenía ninguna noción de marxismo, era escucharme decir eso y echarse a llorar. Nunca llegué a entender por qué.

Como ejemplo de esa resignación cristiana que practicaba mi madre y que yo no compartía (para nada) está el hecho de que a mi madre se le caía la baba con los niños de las Infantas. Yo creo que hay madres que acaban queriendo más a los hijos de las Infantas que a los suyos propios. O a los de Carolina, que encima es de otro país. Mi madre puede servir de ejemplo de ese disparate.

Sí, creo en Dios. No veo por qué, no me importa volver a repetirlo, eso tiene que ser incompatible con todo lo que he dicho. Creo en Dios, hablo con él y muchas veces le he preguntado: por qué a mí. Y me ha costado muchos años encontrar la respuesta. Creo que la he encontrado.

Me acuerdo de un libro que me trajeron los Reyes cuando tenía diez años. Se llamaba Pollyana y era de una niña pobre y huérfana de madre que vive con su padre; resulta que cuando llegan las Navidades la tal Pollyana tiene que ir a por su regalo a la beneficencia, porque en su casa no hay dinero ni para eso, y la niña se encuentra con que Papá Noel ( en este caso las señoras de la beneficencia), por un error organizativo, le ha dejado unas muletas. La niña, Pollyana, se va llorando a casa, natural, pero creo recordar que es su padre, que en cuento estaba retratado como un santo pero que para mí era un cínico porque si no es que no me lo explico, quien viendo a la niña llorar tan amargamente con las muletas en la mano le enseña a jugar al Juego de la Alegría. El Juego de la Alegría consiste en buscar un motivo de alegría a cualquier acontecimiento de tu vida, por mucho que te joda un acontecimiento. El padre de la niña, San Cínico, le propone que jueguen al juego de la alegría con las putas muletas y Pollyana de momento se queda sin habla, con los ojos a cuadros, como se hubiera quedado cualquier criatura ante una propuesta tan ridícula, pero luego de pronto a Pollyana, que hasta el momento parecía un ser inteligente, se le enciende una luz espiritual en el cerebro ( es un libro de ficción, evidentemente) y siente que hay razones para ser feliz porque, dentro de las innumerables desgracias que le han ocurrido (muerte de la madre, padre enfermo, pobreza, embargo de la casa, etc.), piensa Pollyana, ya absolutamente contagiada de la locura de San Cínico, ese beato, dentro de la tragedia que marcó su vida desde el primer día en que sus ojos se abrieron al mundo, hay un motivo de celebración: ha recibido unas muletas, de acuerdo, ¡pero no tiene que usarlas, sus piernas están sanas!

Fíjate que yo sólo tenía diez años cuando leí el libro y ya a esa edad anduve varios días cabreada y deprimida. Si no llega a ser porque no quería ofender a mi madre, lo hubiera tirado por la ventana. A mi madre le gustaba. Para ser exactos, le gustaba la teórica: esa niña, la felicidad que provoca el saber resignarse, la superación de contratiempos. Pero en la práctica, ya lo ves, en la práctica mi madre no quería verme limpiando. Los beatos siempre andan en el terreno de la especulación. Ah, la vida real es otra cosa. ¿ Qué hubiera pasado si yo le hubiera dicho: madre, mira a tu hija, soy barrendera, soy marmota municipal, así me gano la vida y así creo que me la voy a ganar hasta que me jubile? Madre, ¿ahora qué me dices?, ¿no crees que este es el momento de poner en práctica el juego de la alegría de Pollyana? Me puedo imaginar perfectamente cuál hubiera sido su reacción, ay, hija mía, no seas cruel conmigo, no me castigues, por qué me dices esas cosas. Conclusión: mi madre no se hubiera conformado con las muletas, como no se conformó con que yo no fuera más que tres meses a la universidad, igual que no quería que sus vecinas me vieran en paro, igual que nunca quiso que me vieran con la monstrua Milagros. Y seguro que había momentos en que le hubiera gustado borrarme del mapa para no tener que dar explicaciones a los demás, explicaciones en las que ella también introducía sus mentiras <>, pero todo ese poso de decepción que estaba en su interior lo transformaba en un estado de permanente preocupación por mí, de espíritu de sacrificio. Supongo que así entendía ella que debía ser la actitud correcta ante Dios, pero lo que yo me pregunto es, si Dios sabe lo que cada una de sus criaturas está pasando, si Dios todo lo ve, para qué representar una comedia cara a Dios. Eso es lo que me pregunto.

Por qué tenía que vivir esa vida, esa era mi pregunta íntima y desesperada al Señor. Por qué tenía que salir a las seis de la mañana con un cubo de basura en pleno invierno. No todo depende de Dios, eso está claro, también influye la voluntad, la fortaleza de las personas. Por qué entonces Dios me había dado a mí tan poca voluntad..."

Feel so different / Sinead O'Connor



God grant me the serenity
to accept the things
I can not change
Courage to change the things I can
And the wisdom to know the difference
I am not like I was before
I thought that nothing would change me
I was not listening anymore
Still you continued to affect me
I was not thinking anymore
Although I said I still was
I'd said "I don't want anymore"
Because of bad experience
But now I feel so different
I feel so different
I feel so different
I have not seen freedom before
And I did not expect to
Don't let me forget now I'm here
Help me to help you to behold you
I started off with many friends
And we spent a long time talking
I thought they meant every word they said
But like everyone else they were stalling
And now they seem so different
They seem so different
They seem so different
I should have hatred for you
But I do not have any
And I have always loved you
Oh you have taught me plenty
The whole time I'd never seen
All you had spread before me
The whole time I'd never seen
All I'd need was inside me
Now I feel so different
I feel so different
I feel so different
I feel so different
I feel so different.

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Dios me concediò la serenidad
de aceptar las cosas
que no puedo cambiar
Valor para cambiar las cosas que puedo
Y sabiduría para saber la diferencia.
No soy como era antes
Pensé que nada me cambiaría
Ya no escuchaba
Aun así, continuaste afectándome
Yo ya no pensaba
Aunque yo dije que si lo hacía
Dije “Ya no quiero más”
Debido a malas experiencias
Pero ahora me siento tan diferente
Me siento tan diferente
Me siento tan diferente
No he visto la libertad antes
Y no esperaba hacerlo
No me dejes olvidar ahora que estoy aquí
Ayúdame a ayudarte a contemplar
Comencé con muchos amigos
Y pasamos largo tiempo hablando
Pensé que decían la verdad en cada palabra
Pero como todos los demás andaban con rodeos
Y ahora parecen tan diferentes
Parecen tan diferentes
Parecen tan diferentes
Debería sentir odio por ti
Pero no tengo ni un poco
Y siempre te he amado
Oh me has enseñado tanto
En todo este tiempo nunca he visto
Todo lo que habías desplegado ante mi
En todo este tiempo nunca he visto
Que todo lo que necesitaba estaba dentro de mí
Ahora me siento tan diferente
Me siento tan diferente
Me siento tan diferente
Me siento tan diferente
Me siento tan diferente.

jueves, 29 de julio de 2010

Dime/ Jose Luis Borges

"Dime por favor donde estás,
en que rincón puedo no verte,
dónde puedo dormir sin recordarte
y dónde recordar sin que me duela.


Dime por favor dónde pueda caminar
sin ver tus huellas,
dónde puedo correr sin recordarte
y dónde descansar con mi tristeza.


Dime por favor cuál es el cielo
que no tiene el calor de tu mirada
y cuál es el sol que tiene luz tan sólo
y no la sensación de que me llamas.


Dime por favor cuál es el rincón
en el que no dejaste tu presencia.
Dime por favor cual es el hueco de mi almohada
que no tiene escondidos tus recuerdos.


Dime por favor cuál es la noche
en que no vendrás para velar mis sueños...
Que no puedo vivir porque te extraño
y no puedo morir porque te quiero"

Recuerda/ Christina Rossetti

" Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.
Recuérdame sin más cuando perdido
el sueño que soñaste, cual la rosa,
se deshoje, pues ya ninguna cosa,
promesa o ruego, llegará a mi oído.
Mas si me olvidas por un tiempo, amado,
al reparar en ello no te aflijas.
Si la muerte y los vermes han dejado
algún vestigio de mi pensamiento,
prefiero que me olvides si contento
estás a que me evoques y te aflijas"

Charlas con Troylo/ Antonio Gala

"Esta noche también he soñado contigo.

Corrías sobre el césped del jardín, vivo y dichoso, abanderando el rabo. Corrías hacia mí, me reclamabas. Tu ladrido pequeño henchía la mañana.

He alargado la mano, todavía dormido, buscando por la cama a tientas tu cabeza. Sin encontrarte, Troylo.

He encendido la luz. No estabas, Troylo.

No volverás a estar...

Dicen que no se pierde sino lo que nunca se tuvo. Es mentira.

Yo te tuve: te tuve y no te tengo.

Al pie del olivo que juntos estrenamos, una calva en el césped indica dónde estás.

El césped que plantamos hace nada para que tú corrieras, divertido, sobre él; para que tú, al venir la primavera y su templado soplo, te revolcaras jugando sobre él.

Tú no tendrás más primaveras, Troylo.

Ahora eres tú quien abona ese césped. En esto acaba todo.

¿Quién puede hacerse cargo de tal contradicción?

¿Pueden morir del todo alguna vez unos ojos que se han mirado tanto, se han entendido tanto, se han consolado tanto?

Quizá tú ahora habitas con quien más has querido.

Quizá tú ahora eres —si es que eres— más feliz que conmigo.

Quizá tú trotas, moviendo la menuda grupa, por los verdes campos del Edén. Pero durante once años y medio anduviste enredado a mis piernas;

arrebujaste tu lealtad a mi vera;

me seguiste a dos pasos por este mundo que, sin ti, no es el mismo. Continuarán los pájaros y los amaneceres, el chorro de la fuente ascenderá en el aire, como la vida, sólo para caer.

Pero no estarás tú, Troylo, compañero irrepetible mío.

Nunca más, nunca más.

Ya no habrá que sacarte a la calle tres veces cada día,

ni tampoco habrá que sacarte las muelas de noviembre,

ni acercarás resoplando el hocico a los respiraderos de los coches,

ni te asomaras encantado por las ventanillas,

ni me recibirás —enloquecido el rabo, ladrando y manoteando— a la puerta de la casa.

Ya no habrá que secarte cuando llueva,

ni cepillarte por la mañana al salir de la ducha,

ni reñirte porque pides comida: ya no sabré qué hacer con el trocito último del filete...

Nunca más.

Y no me hago a la idea.

¿Qué es lo que has hecho, Troylo?

Quiero dormir para soñar contigo,

para jugar contigo y regañarte, para no comprobar que te he perdido.

Con la garganta apretada he mandado hoy retirar tus breves propiedades:

tu toalla, tu manta, tu cepillo, tu peine y tus correas...

Las he mandado retirar, pero no lejos.

Porque a lo mejor una mañana te veo regresar, alegre y frágil, cariñoso y sonoro.

(Acaso esta pesadilla es una broma tuya, y se abrirá una puerta y tú aparecerás. De mis oídos no se quita el ritmo de tus pasos, ni la impaciencia de tu cascabel.)

O a lo mejor soy yo el que se acerca una mañana a ti —quién sabe— y te silbo y te llamo y tú levantas la cabeza con el gesto de siempre.

No te preocupes, Troyio: si nada dura —ni el amor—, tampoco la muerte durará.

En donde sea, estaremos todos juntos de nuevo, riendo y bromeando.

Si no, no habría derecho.

Mientras entró y salió la gente de mi vida —de nuestra vida—,

tú permaneciste a mi lado, imperturbable, fiel, idéntico, amoroso.

Juntos pasamos por la compañía y por la soledad.

Llegaste, Troylo, a ser yo mismo de otro modo.

El infortunio o el gozo, siempre los compartimos.

Quien a mí me dejó, te dejó a ti, y te quería quien a mí me quiso.

Me hablaba yo, y era a ti a quien hablaba.

La muerte se ha interpuesto en la conversación una vez más, la muerte.

Ahora sí que envejezco, ahora si que estoy solo.

Es la primera vez que te has portado mal conmigo.

Desde la ventana veré y el olivo y a tí al pie del olivo.

Troylo, amigo mio, interminablemante bajo el césped.

La muerte ha interrumpido nuestras charlas.

Descansa en paz,

Nadie jamás podrá sustituirte.

Hasta luego.

Hasta después."

sábado, 10 de julio de 2010

Lento pero viene

Lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con angeles maltrechos
y fieles golondrinas

despacio pero viene
sin hacer mucho ruido
cuidando sobre todo
los sueños prohibidos

los recuerdos yacentes
y los recién nacidos

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya casi está llegando
con su mejor noticia
con puños con ojeras
con noches y con días

con una estrella pobre
sin nombre todavía

lento pero viene
el futuro real
el mismo que inventamos
nosotros y el azar

cada vez más nosotros
y menos el azar

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

lento pero viene
lento pero viene
lento pero viene

M. Benedetti.

Zanahorias, huevos y café

Una hija se quejaba a su padre acerca de cuan difíciles le resultaba la vida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias, y las colocó en un bol. Sacó los huevos, y los colocó en otro bol. Coló el café y lo puso en un tercer bol.
Mirando a su hija le dijo: - "Querida, ¿qué ves?" - "Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.
Ella lo hizo y notó que estaban blandas.
Luego, le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café.
Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
La hija preguntó: -"¿Qué significa esto, padre?" Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, estaba hecha pulpa, casi deshecha.
El huevo había llegado al agua frágil. La cáscara fina protegía su interior. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos.
Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
El padre preguntó:
-"Y ahora dime, ¿cual eres tú?"