Greg Daniels es ese guionista que dejó Los Simpsons para crear la versión americana de The Office, una de las mejores telecomedias de la historia.
Durante una conferencia que dio con varios profesores en Portland, estas fueron las mejores frases de su intervención:
y que muchos tildaban como pesimistas, malignas y catastrofistas en una innegable verdad.
El ser humano no es bueno por naturaleza. Tampoco es malo. Es imbécil. Somos imbéciles.
(...)
Llevo toda mi vida escuchando banalidades sobre los retos y la zona de confort.
Y cuando la vida es maravillosa y todo funciona, la imbecilidad es como una pechuga de pollo.
Puedes aplicarle cualquier salsa mentirosa que todos la comeremos con deleite.
Puedes disfrazarla de solemnidad y talento. ¡Oh, la humanidad!
En un siglo hemos doblado la esperanza de vida.
Pisamos la luna. Incluso ya hemos llegado a marte.
Pero, ¡ay!, cuando vienen mal dadas la pechuga se convierte en col de Bruselas
Pero, ¡ay!, cuando vienen mal dadas la pechuga se convierte en col de Bruselas
ya puedes echarle la salsa más excelsa del mejor chef
que seguirá siendo una miserable e incomible col.
Inventamos la rueda, el fuego, la penicilina y a Sinatra,
Inventamos la rueda, el fuego, la penicilina y a Sinatra,
pero cuando llega la plaga, el teatro se cae y las ratas abandonan el barco de un milenio de avances
y lo que antes era un foro que ilumina al mundo
se convierte en una fiesta universitaria de animadoras y jugadores de futbol americano.
La humanidad no es sus cimas.
La humanidad no es Picasso, no es Fleming, no es Sinatra, no es Shakespeare, no es Wilder.
La humanidad es la mayoría.
Y la mayoría es, somos, de una mediocridad insoportable.
Eso es lo que me ha confirmado este 2020.
(...)
Llevo toda mi vida escuchando banalidades sobre los retos y la zona de confort.
Sobre la superación. Sobre el valor del cambio y su capacidad transformadora.
Y ahora que un cambio real llega, se produce la catástrofe.
Todo este tinglado no ha hecho más que demostrar que llevamos décadas viviendo un inmenso teatrillo. La gente no quiere cambios. La gente no quiere retos. La gente quiere seguir como está.
Ahora todos claman por eliminar una pandemia que, en cierto modo, no es más que otra pandemia más que se suma a la que llevamos un siglo sufriendo.
Porque, ¿acaso hay una enfermedad peor que pasar tu vida contando los días que quedan para que llegue el fin de semana? (...)
Déjeme decirle que hay algo peor que el cambio climático
y es la absoluta aceptación de la raza humana de que su vida puede ser mediocre.
¿Tiene miedo a contagiarse? ¿A la muerte?
Amigo, usted es peor que un muerto. Es un autómata.
Eso si que es un jodido virus.
(...)
Elegimos coche, mujer, pie de ducha, el nombre de nuestros hijos, el color del pelo,
(...)
Elegimos coche, mujer, pie de ducha, el nombre de nuestros hijos, el color del pelo,
el banco en el que metemos nuestro dinero, al presidente o la universidad a la que iremos.
La democracia capitalista se define como un sistema político-económico que ofrece una libertad completa de elección. Pero, ¿es eso cierto?
¿Acaso no se parecen nuestras vidas cada vez más a las de los demás?
¿No se parecen cada vez más los temas de conversación?
¿No es el arte cada vez más homogéneo?
¿Puede una persona ser libre cuando vive en una sociedad que le aboca a dar más importancia a las opiniones ajenas que a las suyas propias?
Puedo elegir entre cientos de marcas de zapatillas, pero el 90% elegirán Nike o Adidas.
Ya no nos definimos por lo que somos, sino por lo que tenemos o por lo que los demás piensan que somos.
Puedo opinar y creer en lo que quiera pero cuando vaya a votar solo podré escoger entre dos candidatos. Ya no nos definimos por nuestras elecciones, nos definimos por lo único que podemos elegir.
(...)
Pero creamos en esa supuesta libertad.
(...)
Pero creamos en esa supuesta libertad.
Creamos por unos instantes que es verdad. (...)
Imaginemos que es cierto que el capitalismo te permite ser lo que quieres ser, tener lo que quieres tener, amar lo que quieres amar.
Al menos así se ha vendido en los Estados Unidos.
Pero fíjese, hay una línea roja que el capitalismo no permite cruzar jamás y que delimita el lugar en el que se encuentran las barras de la celda: en pensar que otro sistema es posible.
Es, en ese momento, cuando todo el establishment se pone en marcha de forma implacable para ridiculizarte, anularte, vilipendiarte o sencillamente encarcelarte.
Y eso es algo que, en diferentes grados, pasa aquí, o en París o en Sydney.
Todo intento de plantear una alternativa a este sistema en el que vivimos es tildado de "comunismo", o es "una utopía" o es "anti-sistema".
Yo no creo en el comunismo, pero, ¿por qué no se puede ni tan siquiera plantear un cambio de paradigma?
¿El no poder hacerlo no es, acaso, la definición del integrismo, de un presidio intelectual?
¿Por qué aceptamos que la vida que llevamos es la mejor vida que podemos llevar, sin más?
¿En qué momento aprendimos a culparnos a nosotros mismos de nuestra infelicidad?
¿Acaso hemos nacido para trabajar? ¿Para producir? ¿Estamos aquí solo para eso?
¿Es la felicidad algo que solo puede alcanzarse consumiendo o alejándonos del día a día?
¿Hasta cuando vamos a seguir negando esta absurdísima y malvada distopía en la que vivimos?
(...)
La gente solo quiere que esto pase para poder seguir con sus vidas minúsculas.
(...)
La gente solo quiere que esto pase para poder seguir con sus vidas minúsculas.
No comulgo con esas tesis que defienden que aprenderemos algo de todo esto,
como tampoco debimos confiar en aquellos intelectuales que pregonaban a los cuatro vientos
que el mundo nunca entraría en guerra tras la Segunda Guerra Mundial.
Si en los 40 no tuvimos memoria, si convertimos la guerra más sanguinaria de la historia en otra Guerra que, de milagro, no acabó mucho peor, ¿Cómo vamos a tener memoria ahora, en la era de la inmediatez?
(...)
La pobreza en Estados Unidos ha subido enormemente estos últimos años. Es muy grave.
(...)
La pobreza en Estados Unidos ha subido enormemente estos últimos años. Es muy grave.
La mitad de los ancianos se verán abocados a trabajar si quieren poder subsistir hasta el fin de sus días. La clase media está desapareciendo. Esa es realmente la tiranía, el robo global de la libertad.
Pero, ¿por qué se moviliza la gente?
Porque tienen que llevar mascarillas.
Porque no pueden ir a restaurantes.
Pero nunca jamás se han levantado contra las privaciones que llevan décadas sufriendo:
la ausencia de sanidad, la inseguridad, la ruptura del ascensor social, la imposibilidad de acceder a la universidad si no tienes dinero, el que haya una justicia para pobres o para ricos en este país.
Y este discurso que ahora le desarrollo es tildado de comunista. ¿Les parece razonable?
Les estoy hablando de una absoluta distopía delirante que hemos aceptado sin más y aún hoy,
en este país, a todo aquel que se le permita discutir esa distopía injusta, cruel, inhumana, miserable y delirante se le tilda de comunista o anti-sistema.
Es de locos".

No hay comentarios:
Publicar un comentario