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jueves, 27 de octubre de 2016

Bajo una pequeña estrella

BAJO UNA PEQUEÑA ESTRELLA - Wislawa Szymborska

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.


jueves, 29 de septiembre de 2016

Vivir en la luna (Jaime J. Escobar)


Suelen decirme, a manera de crítica, que vivo en la Luna.
¿Les he dicho yo acaso, a manera de crítica, que viven en Tierra?



viernes, 9 de septiembre de 2016

Raymond Carver





Para siempre

A la deriva en una nube de humo,

sigo la raya que en el suelo del jardín deja un caracol

hasta el muro de piedra.

Solamente al final me acuclillo, veo

lo que hay que hacer y, de repente,

me adhiero a la piedra húmeda.

Empiezo a mirar lentamente alrededor

y a escuchar, utilizando para ello

mi cuerpo entero como el caracol

utiliza el suyo, relajado, pero alerta.

¡Atención! Esta noche es un hito

en mi vida. 

Después de esta noche,

¿cómo podré volver a mi

vida anterior? Mantengo los ojos fijos

en las estrellas, les hago señales

con mis antenas. Me sujeto bien

durante horas, descansando sin más.

Más tarde, la pena comienza

a gotear en mi corazón.

Recuerdo que mi padre está muerto,

y que me voy a ir pronto

de esta ciudad. Para siempre.

Adiós, hijo, dice mi padre.

Casi al amanecer, bajo

y vuelvo errabundo a casa.

Todavía están esperándome,

el espanto aletea en sus rostros

cuando se encuentran con mis nuevos ojos por primera vez.





Miedo

Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta.

Miedo a dormirme por la noche.

Miedo a no dormirme.

Miedo al pasado resucitando.

Miedo al presente echando a volar.

Miedo al teléfono que suena en la quietud de la noche.

Miedo a las tormentas eléctricas.

¡Miedo a la limpiadora que tiene una mancha en la mejilla!

Miedo a los perros que me han dicho que no muerden.

Miedo a la ansiedad.

Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.

Miedo a quedarme sin dinero.

Miedo a tener demasiado, aunque la gente no creerá esto.

Miedo a los perfiles psicológicos.

Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie.

Miedo a la letra de mis hijos en los sobres.

Miedo a que mueran antes que yo y me sienta culpable.

Miedo a tener que vivir con mi madre cuando ella sea vieja, y yo también.

Miedo a la confusión.

Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.

Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.

Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.

Miedo de que lo que yo amo resulte letal para los que amo.

Miedo a la muerte.

Miedo a vivir demasiado.

Miedo a la muerte.

Ya he dicho eso.



Ventanas altas- Philip Larkin

Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que ése es el paraíso
que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites, ladera abajo,
hacia la felicidad. 
Me pregunto si cuarenta años atrás, mirándome, 
alguien habrá pensado: Eso es vida, 
nada de dios, ni de sudar de noche
pensando en el infierno, ni de ocultar
lo que opinas del pastor. Ese y sus
amigos se deslizarán, maldita sea,
libres como pájaros. 
Y de inmediato,
más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

Molloy- S. Beckett

«No inventamos nada, creemos inventar cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal como la lloramos. Y a la mierda»".

miércoles, 31 de agosto de 2016

Ana Elena Pena



Siempre con el alma en vilo
esperando ese mensaje de vuelta...

Mendigando tus besos como una pordiosera de ojos suplicantes, 
piernas flacas y rodillas sucias.

Lamiendo, famélica, las migajitas de ese amor raquítico
que a veces dejas sobre el mantel.

Así me tienes, hijo de la gran puta,
roñoso de mierda.


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Mírame,
tan perfecta como un cuadro torcido,
como un poema sin rima,
como un mueble antiguo roído por la carcoma.

Tan útil como un lápiz sin punta
o como una mesa coja.

Impecable como un diario lleno de tachones.
Fiable como un barco sin timón.
Divina como una plaga de langosta.
Magnífica como una mansión habitada por fantasmas,
como una tormenta de verano.

Gentilmente agraciada, además,
con un fino acabado de vellosidades varias, estrías, puntos rojos y negros, venitas azules, pliegues carnosos, finas arrugas, cicatrices, marcas de acné y poros dilatados.

Lengua imprudente, manos torpes y mirada de loca ausente.
Rematada -con gran acierto-
por una maraña de cabello revuelto
coronando una enorme y dura cabeza (rozando siempre las nubes)

Perfecta, joder, ¿es que no lo ves?


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Quizá, ya si eso, te llamo un día de estos...

Puede que, para entonces, hayamos barrido nuestras tristezas,

perdonado nuestras faltas, olvidado las pequeñas miserias...

Sí, seguro.

Es posible que, pasado ese tiempo, hayamos cambiado los dos,
que yo sea muñequita de cuerda y tú soldado de plomo.

Algo así.

¡Oh! ¡qué felices seremos! ¿verdad? ¿VERDAD?

Sí, claro, nos volveremos a ver.

En otro momento, o en otro país, en otro mundo, en otra vida...
quizá pueda ser, quizá esto pueda funcionar...


Pero no, sabemos que no.

Que nunca llegará ese día,

que si nos encontramos, seremos los mismos.

Que aún con rescoldos de fuego en las pupilas,

nos miraremos fríamente y nos temblará la voz.

Que no habrá fuegos artificiales, ni magia, ni nada.

No lo habrá.

Tan solo la brevedad en el saludo,

una mirada furtiva al acompañante...

Luego nos alejaremos a paso acelerado.

Puede que giremos la cabeza, una última vez,

buscando un atisbo de complicidad, de nostalgia...

Pero no, no lo haremos.

Estaremos muy ocupados mirando hacia delante con orgullo,

con la garganta atravesada por espinas

y brasas en las mejillas.

Disimulando las ganas de romper en llanto.


domingo, 24 de julio de 2016

Historias sin terminar

Cuando cierro los ojos

te veo ahí,

inmóvil, mirándome,

como si quisieras romper

con un beso

el muro que nos atraviesa

el alma.

Te noto paciente,

con la ternura de quien

sabe mirar de frente

al amor.

Tus ojos hablan por ti,

no hace falta que digas nada,

que yo ya lo sé.

Pero tus manos te delatan,

percibo los nervios de quien

no supo querer a tiempo.

Y ahora le duele.

Cierro los ojos y sigues ahí,

todavía sin mediar palabra.

Y yo jamás he escuchado nada

tan bello

como tu silencio.

Tenemos todo el tiempo del mundo,

tenemos cualquier ciudad

a nuestra disposición.

Tenemos al amor

de nuestro lado,

y a la razón mirándonos de reojo.

Podemos terminar

aquello que dejamos a medias,

y poner un punto final

a nuestra historia.

Podemos cerrar lo que tenemos,

y seguir nuestros caminos.

Abro los ojos,

y por suerte,

no estás ahí inmóvil,

tampoco me miras,

ni rompes muros con besos.

Nada ha terminado.

Por que no hay nada más bonito

que una historia perforada

por las agujas de

todos los relojes

que he dejado rotos

desde que te estoy esperando.

http://culturacolectiva.com/historias-sin-terminar/