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martes, 12 de julio de 2016

El guardador de rebaños- Alberto Caeiro



I


Yo nunca guardé rebaños
pero es como si los guardara.

Mi alma es como un pastor,
conoce el viento y el sol
y anda de la mano de las Estaciones
siguiendo y mirando.


Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse a mi lado.
pero yo quedo triste como una puesta de sol
para nuestra imaginación,


Cuando enfría el fondo del llano
y se siente la noche entrada
como una mariposa por la ventana..


Pero mi tristeza es sosiego
porque es natural y justa
y es lo que debe estar en el alma
cuando ya piensa que existe
y las manos cogen flores sin que ella se entere.



Como un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino
mis pensamientos están contentos
sólo me da pena saber que ellos están contentos
porque, si no lo supiera,
en vez de estar contentos y tristes,
estarían alegres y contentos.


Pensar incomoda como andar en la lluvia
cuando el viento crece y parece que llueve más.
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.


Y si deseo a veces,
por imaginar, ser corderillo
(o ser el rebaño todo
para andar disperso por toda la ladera
siendo muchas cosas felices al mismo tiempo),
es sólo porque siento lo que escribo a la puesta de Sol,
o cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
y corre un silencio por la hierba.


Cuando me siento a escribir versos
o, paseando por los caminos o por los atajos,
escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
siento un cayado en las manos
y veo una imagen de mí
en la cima de un otero,


Mirando mi rebaño y viendo mis ideas,
o mirando mis ideas y viendo mi rebaño,
y sonriendo vagamente como quien no comprende lo que se dice
y quiere fingir que comprende.


Saludo a todos los que me leen,
agitando el sombrero ancho
cuando me ven en mi puerta
apenas la diligencia se levanta en la cima del otero.


Los saludo y les deseo sol,
y lluvia, cuando la lluvia es necesaria,
y que sus casas tengan
al pie de una ventana abierta
una silla predilecta
donde se sienten leyendo mis versos.


Y al leerlos piensen
que soy cualquier cosa natural—
por ejemplo, el árbol antiguo
a la sombra del cual cuando niños,
se sentaban con un sofoco, cansados de jugar,
y limpiaban el sudor de la cabeza caliente
con la manga del mandil rayado.


II

Mi mirar es nítido como un girasol
tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a derecha y a izquierda,
y de vez en cuando para atrás…

Y lo que veo a cada momento
es aquello que nunca antes había visto,
y me doy cuenta muy bien…

Sé tener el pasmo esencial
que tiene un niño, si, al nacer,
repara de veras en su nacimiento…

Me siento nacido a cada momento
para la eterna novedad del mundo…

Creo en el mundo como en una margarita,
porque lo veo. Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender…

El mundo no se hizo para que lo pensáramos
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirarnos en él y estar de acuerdo…

No tengo filosofía: tengo sentidos…
si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que ella es,
si no porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe porque ama, ni lo que es amar…


Amar es la inocencia eterna,
y la única inocencia es no pensar…


III


Al atardecer, recargado en la ventana,
y sabiendo de soslayo que hay campos enfrente,
leo hasta que me arden los ojos
el Libro de Cesario Verde.

Que pena tengo de él. Era un campesino
que andaba preso en libertad por la ciudad.
Pero el modo conque miraba las casas,
y el modo como observaba las calles,
y la manera como se interesaba por las cosas,
es la de quien mira los árboles
y de quien baja los ojos por la calle adonde va
y anda observando las flores que hay por los campos…


Por eso tenía aquella gran tristeza
que nunca dice bien que tenía
pero andaba en la ciudad como quien anda en el campo
y triste como disecar flores en los libros
y poner plantas en jarros…


IV


La tormenta cayó esta tarde
por las orillas del cielo
como un pedregal enorme…

Como si alguien desde una ventana alta
sacudiera un gran mantel,
y las migajas todas juntas
hicieran un barullo al caer,


La lluvia llovía del cielo
y ennegreció los caminos…
Cuando los relámpagos sacudían el aire
y abanicaban el espacio
como una gran cabeza que dice que no,
no sé por qué —no tenía miedo—
me puse a rezar a Santa Bárbara
como si fuera yo la vieja tía de alguien…


¡Ah! es que rezando a Santa Bárbara
yo me sentía aún más simple
de lo que creo ser…
me sentía familiar y casero
y habiendo pasado la vida
tranquilamente, como el muro del patio;
teniendo ideas y sentimientos por tenerlos
como una flor tiene perfume y color…
me sentía alguien que pudiera creer en Santa Bárbara…
¡ah, poder creer en Santa Bárbara!
(¿quién cree que existe Santa Bárbara,
pensara que ella es persona y visible
o qué pensará de ella?)



(¡Qué artificio! ¿Qué saben
las flores, los árboles, los rebaños,
de Santa Bárbara?… Una rama de árbol
si pensara, nunca podría
construir santos, ni ángeles…
podría pensar que el sol
es Dios, y que la tormenta
es una multitud
enfadada por encima de nosostros…


¡Ah, como los hombres más simples
son enfermos y confusos y estúpidos
cerca de la clara simplicidad
y la salud de existir
en los árboles y las plantas!)

Y yo, pensando en todo esto,
quedé otra vez menos feliz…
quedé sombrío y enfermo y taciturno
como un día en que todo el día amenaza la tormenta
y ni siquiera de noche llega…


V


Hay metafísica bastante en no pensar en nada.
¿Qué pienso yo del mundo?
¡Qué sé yo lo que pienso del mundo!
Si me enfermara pensaría en eso.
¿Qué idea tengo yo de las cosas?
¿Qué opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué es lo que he meditado sobre Dios y el alma
Y sobre la creación del Mundo?
No sé. Para mí pensar en eso es cerrar los ojos
y no pensar.
Es correr las cortinas de mi ventana (pero no tiene cortinas).


¿El misterio de las cosas? ¡Qué sé yo lo que es el misterio!
El único misterio es que haya alguien que piense en el misterio.

Quien está al sol y cierra los ojos,
comienza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero si abre los ojos y ve el sol,
y ya no puede pensar en nada,
es porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no se equivoca y es común y buena.

¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles?
la de ser verdes y copudos y de tener ramas
y la de dar fruto en su hora, lo que no nos hace pensar,


A nosotros, que no sabemos entenderlos
¿Pero qué mejor metafísica que la de ellos
que es de no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?


“Constitución íntima de las cosas”…
“Sentido íntimo del Universo”…

Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.
Es increíble que se pueda pensar en cosas de ésas.
Es como pensar en razones y fines
cuando el comienzo de la mañana está rayando
y por los lados de los árboles
un vago oro lustroso va perdiendo la oscuridad.


Pensar en el sentido íntimo de las cosas
es, acrecentado, como pensar en la salud
o llevar un vaso al agua de las fuentes.


El único sentido íntimo de las cosas
es que ellas no tienen sentido íntimo ninguno.


No creo en Dios porque nunca lo vi.
si Él quisiera que yo creyera en Él,
sin duda que vendría a hablar conmigo
y entraría adentro por mi puerta
diciéndome, ¡Aqui estoy!
(esto es tal vez ridículo a los oídos
de quien, por no saber lo que es mirar las cosas,
no comprende a quien habla de ellas
con el modo de hablar que reparar en ellas enseña)




Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y sol y el rayo de luna.
entonces creo en Él,
entonces creo en Él a toda hora,
y mi vida toda es una oración y una misa,
y una comunión con los ojos y por los oídos.


Pero si Dios es los árboles y las flores
y los montes y el rayo de luna y el sol,
¿para qué le llamo Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y rayo de luna;

Porque si Él se hizo, para que yo lo vea,
sol y rayo de luna y flores y árboles y montes,
si Él se me aparece como árboles y montes
y rayo de luna y sol y flores,
es que Él quiere que yo lo conozca
como árboles y montes y flores y rayo de luna y sol.


Y por eso yo lo obedezco
(¿qué más sé yo de Dios, que Dios de sí mismo?),
le obedezco viviendo, espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y le llamo rayo de luna y sol y flores y árboles y montes,
y lo amo sin pensar en Él
y lo pienso viendo y oyendo,
y ando con Él a toda hora.


viernes, 17 de junio de 2016

A los hombres futuros


1

Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa revela insensibilidad.
El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible, aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos estos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle,
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. 
Nada de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara, estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

2

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.

Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos se sentían más tranquilos sin mí. 
Lo sabía.
Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. 
La meta estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, 
aunque para mí fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.

3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. 
Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.

Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre, 
pensad en nosotros con indulgencia.

Bertolt Brecht

lunes, 30 de mayo de 2016

Beth Hart - Caught Out In The Rain



I'm under your spell
Ain't nobody's business 
I'm already there 
And it ain't nobody's business 
Every time he walks out the door
I wonder if he's ever coming back 
But I can't help but love the taste of danger baby 
And the howl and the wind and the rough of his hands 

I got caught out in the rain 
If I die I don't care
I'm in love I'm in love, 
I'm in love with this man 

I got caught out, caught out, caught out 
In the rain 
I heard him crying in his sleep last night 
No man wants to be told that he's been crying 
When he wakes up 
I tell him it's gonna be alright 
But I know that he knows that I'm just lying 

I heard he shot a man down in the street 
And it tore his soul apart 
Last night when he was making love to me 
There was a another woman in his heart 

I got caught out in the rain 
If I die I don't care
I'm in love I'm in love, 
I'm in love with this man 
I got caught out, caught out, caught out 
In the rain, in the rain 
I got caught out in the rain 
If I die I don't care,
I don't care I'm in love,
I'm in love
I got caught out, caught out, caught out 
In the rain, in the rain 

In his name
In his pain 

Ain't nobody's business 
Ain't nobody, ain't nobody, ain't nobody's business 

I won't kiss and tell 
Like a spell

...

Sucio, mal vestido



En el camino de los perros mi alma encontró a mi corazón.
Destrozado, pero vivo, sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía! 

Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar por las hormigas rojas
y también por las hormigas negras, recorriendo las aldeas vacías: 
el espanto que se elevaba hasta tocar las estrellas. 

Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. 
El río del ser, decían unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas. 

Sumulistas y teólogos, adivinadores y salteadores de caminos 
emergieron como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.

Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.

Roberto Bolaño

miércoles, 25 de mayo de 2016

Los Nadies / The nobodies



Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.

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Fleas dream of buying a dog
and the nobodies dream of getting out from under their poverty,
that some magic day
suddenly good fortune will rain upon them
that it will downpour bucket-fulls of good luck.
But good luck doesn’t rain today
or tomorrow or ever,
not even a little drizzle falls from the sky.
No matter how much the nobodies cry for it
and even when their left hand itches
or they get up on the right foot,
or when they start the year getting a new broom.

The nobodies: the sons of no one,
the owners of nothing.
The nobodies: treated as no one,
running after the carrot, dying their lives, fucked,
double-fucked.

Who are not, even when they are.
Who don’t speak languages, but rather dialects.
Who don’t follow religions,
but rather superstitions.
Who don’t do art, but rather crafts.
Who don’t practice culture, but rather folklore.
Who are not human,
but rather human resources.
Who have no face but have arms,
who have no name, but rather a number.
Who don’t appear in the universal history books,
but rather in the police pages of the local press.
The nobodies,
the ones who are worth less
than the bullet that kills them.

E. Galeano

Con qué convives tú?

Durante nuestra vida convivimos, muchas veces con sensaciones, sin quererlas o desearlas, pero también con otras que no valoramos en la medida que se merecen.

Convivimos con: la angustia, el dolor, la duda, la soledad, la ansiedad, la mentira, el temor, el rechazo, el desprecio, la venganza (la propia y la ajena), con el silencio, con el mal, con el rencor, con la rutina, con los desencantos, con los prejuicios, con la falta de humildad, con la ausencia de valores y principios, con la crítica nuestra y la de ellos, con la ingratitud, con soberbia de los inútiles que no pueden amar, con la incomprensión, con la inseguridad, con la falta de ilusión, con el conformismo, con el odio, con el olvido, con la pérdida, con la falta de libertad, con el pasado sin resolver, con la indiferencia, con los malos pensamientos, sin el perdón, con la envidia del otro y la de uno, sin un rumbo a seguir, con la impaciencia, con el mal humor de uno y el de los demás, con la impotencia de no poder, con el aburrimiento, con la palabra demás...

Pero, siempre hay un pero, también convivimos, con el humor, con la alegría, con la risa de uno y la de los demás, con los colores que nos traen paz y armonía, con el sol que nos da energía, con la lluvia que no nos molesta, con las caminatas por la tarde, con las sorpresas agradables, con las primeras brisas de primavera y con cada una de las estaciones del año que nos enseñan entre otras cosas, no todo es frío o calor, con la posibilidad de conocer la felicidad, de dar amor y de ser correspondido, con la búsqueda de la verdad, con la imaginación, con el bien, con un futuro mejor construido por uno, con el cariño, con el amor, con los afectos, con los abrazos, con las caricias, con la amistad, con charlas placenteras con amigos, con el compañerismo, con la lealtad, con la Fe, con proyectos posibles e imposibles, con las distintas manifestaciones del arte, con la lectura, la música que nos transporta a lugares que uno solo conoce, con fragancias y perfumes que nos dan lugar al placer, con los recuerdos nostálgicos, y con el otro... 

Uno, siempre uno, será el que finalmente decida con qué quiere convivir..

Autor: Rafael Gabriel Osuna
(Buenos Aires - Argentina)



lunes, 2 de mayo de 2016

El Principito y su rosa



-“Te amo” - dijo el principito…
-“Yo también te quiero” - dijo la rosa.
-“No es lo mismo” - respondió él…

"Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las espectativas personales de afecto, de compañía…
Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.
Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.
Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.
Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se dá en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza.
Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoista, sino estar, en silenciosa compañía.
Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”


-“Ya entendí” - dijo la rosa.
-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito.

(Antoine de Saint-Exupéry "El Principito")