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jueves, 1 de marzo de 2012

He leído que lo mejor para no estar triste es aprender algo.
Aprender por qué el mundo se mueve y qué lo mueve..



El mundo entero es una chimenea
¿con qué estado de ánimo puede uno evitar quemarse?
Gao Feng.

Monotonía

A un día monótono,
otro monótono, invariable sigue.
Pasarán las mismas cosas
volverán a pasar
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.

Un mes pasa y trae otro mes
lo que viene, uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.

Y llega el mañana ya
a no parecer mañana...

C. Cavafis

jueves, 16 de febrero de 2012

El despertar

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo
 



De "Las aventuras perdidas" 1958 

Alejandra Pizarnik

La muerte



"La muerte es esa pequeña jarra con flores pintadas a mano que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver. La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia discretamente a un lado y al que nadie acertó nunca a reconocer. La muerte...en fin, es esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado sin saberlo con un poco de terror"

Eliseo Diego. 
El lado oscuro del corazón II

domingo, 1 de enero de 2012

Madama Butterfly

No te rindas

No te rindas, por favor no cedas
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda
aunque el sol se esconda, y se calle el viento
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños
porque la vida es tuya
y tuyo también el deseo
porque cada día es un comienzo nuevo
porque ésta es la hora
y este el mejor momento.

Mario Benedetti


No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.


No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.


No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frio queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.


Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.


Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,

aunque el frio queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada dia es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás sola,

porque yo te quiero.

martes, 29 de noviembre de 2011

Historia de la resurrección del papagayo

El papagayo se cayó en la olla que humeaba.

Se asomó, se mareó y cayó.

Cayó por curioso, y se ahogó en la sopa caliente.

La niña, que era su amiga, lloró.

La naranja se desnudó de su cáscara

y se le ofreció de consuelo.

El fuego que ardía bajo la olla

se arrepintió y se apagó.

Del muro se desprendió una piedra.

El árbol, inclinado sobre el muro,

se estremeció de pena,

y todas sus hojas se fueron al suelo.

Como todos los días, llegó el viento

a peinar el árbol frondoso; y lo encontró pelado.

Cuando el viento supo lo que había ocurrido,

perdió una ráfaga.

La ráfaga abrió la ventana,

anduvo sin rumbo por el mundo

y se fue al cielo.

Cuando el cielo se enteró

de la mala noticia, se puso pálido.

Y viendo al cielo blanco,

el hombre se quedó

sin palabras.

El alfarero de Ceará quiso saber.

Por fin el hombre recuperó el habla,

y contó que el papagayo se había ahogado

y la niña había llorado

y la naranja se había desnudado

y el fuego se había apagado

y el muro había perdido una piedra

y el árbol había perdido las hojas

y el viento había perdido una ráfaga

y la ventana se había abierto

y el cielo se había quedado sin color

y el hombre sin palabras.

Entonces el alfarero reunió toda la tristeza.

Y con esos materiales, sus manos

pudieron renacer al muerto.

El papagayo que brotó de la pena

tuvo plumas rojas del fuego

y plumas azules del cielo

y plumas verdes de las hojas del árbol

y un pico duro de piedra y dorado de naranja

y tuvo palabras humanas para decir

y agua de lágrimas para beber y refrescarse

y tuvo una ventana abierta para escaparse

y voló en la ráfaga del viento.


Eduardo Galeano